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martes, 16 de enero de 2018

Camilo José Cela, el mejor escritor español de la segunda mitad del siglo XX



Esta es una semblanza (brevísima) de la vida de Camilo José Cela, el mejor literato español de la segunda mitad del siglo XX.

Nació en Iria Flavia, pueblo cercano a La Coruña, en 1916, y murió en Madrid en 2002.

Durante su juventud vivió en Galicia y en Madrid, y ya en ella se significó por lo iconoclasta: le expulsaron de dos colegios de curas. También sufrió una tuberculosis a los quince años (enfermedad para la que entonces no existía cura), por lo que pasó un año en un sanatorio de la sierra de Guadarrama.

Cuando comienza la Guerra civil (julio de 1936) tenía veinte años. Vivía en Madrid, en donde estudiaba, y consiguió escaparse de esta ciudad para alistarse en el bando franquista. De esta etapa guerrera no se sabe casi nada, excepto que fue herido, aunque no debió de ser de mucha consideración.

Al acabar la guerra comienza a escribir. Su primera novela es La familia de Pascual Duarte, curiosa por ser su ópera prima, aunque el valor literario es escaso. Con posterioridad él dijo de ella: «Empecé a sumar acción sobre acción y sangre sobre sangre, y aquello me quedó como un petardo», y es verdad que visto desde hoy, resulta bastante tremenda y comercial. Fue publicada en 1942, es decir, cuando tenía veintiséis años.

Malvive (vamos a decirlo así) en Madrid durante los primeros años de la posguerra, y de esta época datan sus siguientes narraciones: Pabellón de reposo (1943) y Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes (1944). Durante estos años escribe varias colecciones de cuentos (algunos geniales) y los primeros libros de viajes: Viaje a la Alcarria (1948), Ávila (1952) y Del Miño al Bidasoa. Notas de un vagabundaje (1952).

La obra que le hace famoso es su siguiente novela, La colmena, publicada en 1951 en Argentina, puesto que aquí no pasó la censura franquista. Otras obras de esta época son Mrs. Caldwell habla con su hijo (1953) y La catira (1955), dos novelas que quien esto escribe cree que tienen mucho interés.

En 1954 se va a vivir a Mallorca, lugar en el que residirá 35 años, y en 1957 es elegido miembro de la Real Academia Española. En Mallorca continúa con su obra literaria, pero también pone en marcha otros proyectos, como la revista Papeles de Son Armadans o la editorial Alfaguara, aparte de escribir nuevos libros de viajes (viajes que llevaba a cabo caminando y con la mochila al hombro), como son Vagabundo por Castilla (1955), Judíos, moros y cristianos. Notas de un vagabundaje por Ávila, Segovia y sus tierras (1956) y Primer viaje andaluz. Notas de un vagabundaje por Jaén, Córdoba, Sevilla, Huelva y sus tierras (1959).

Es entonces cuando entra en la etapa más interesante de su obra, con libros tan monumentales como Tobogán de hambrientos (1962), San Camilo, 1936 (1969), Oficio de tinieblas 5 (1973), Mazurca para dos muertos (1983), y la sin par Cristo versus Arizona (1988), casi treinta años de buen hacer literario. Obsérvese que entre ellos hay grandes lapsos temporales, es decir, que este señor no era de los que publicaba una novela al año, lo cual se explica, entre otros motivos, por su abundante labor periodística (por ejemplo: durante muchos años escribió una columna diaria en ABC).

En 1987 le dan el premio Príncipe de Asturias de las Letras; en 1989 el Nobel de Literatura, y en 1995 el Premio Cervantes.

Hay una última etapa literaria en su vida, con títulos como La cruz de San Andrés (refrito de cosas anteriores que sin duda tenía aparcadas por si surgía la ocasión, y por el que le dieron el Premio Planeta, nada menos, pero ya se sabe que este premio...), o Madera de boj, obra ya muy crepuscular, aunque de buena factura.

Esta es, a grandes rasgos, la vida del más interesante escritor de la segunda mitad del siglo XX español, digno sucesor de don Pío (Pío Baroja), que podría ostentar idéntico título para la primera mitad. Tal para cual.

Y ahora, ¿cómo es esta obra literaria, que sin llegar a ser monumental por el tamaño, lo es por la calidad? Quien esto escribe se declara incondicional del autor, así que sólo daré unos datos:

Don Camilo (como Galdós, por ejemplo, del que era gran admirador) siempre acertaba con la palabra exacta, que es una habilidad muy poco común. Era un maniático del lenguaje y las buenas formas gramaticales, y nada amigo de cursiladas o las pasajeras e ingenuas modas (de las que se reía) que caracterizan la vida actual, y la de su tiempo también; antes bien, inventaba nuevas formas de expresión, y cada novela de su época magna es diferente por completo de la anterior. Su literatura estuvo influida por los grandes escritores castellanos, Quevedo, Cervantes, Galdós, Baroja..., aunque también por los narradores norteamericanos de su época, como Faulkner o Dos Passos. El arte de este señor es muy español, o totalmente español, en esa línea que podríamos llamar arte tremebundo (él lo llamaba carpetovetónico), buenos ejemplos de los cuales son los Caprichos de Goya o las películas de Buñuel.

En general, casi todos sus libros son buenos (algunos geniales). Destacan las novelas, las recopilaciones de cuentos (hay que leer Claudius, profesor de idiomas, Culpemos a la primavera o Memorias del cabrito Smith, chivo insurrecto, para hacerse idea de lo que es un cuento), y los libros de viajes, en especial Viaje a la Alcarria y Judíos, moros y cristianos. Las recopilaciones de artículos periodísticos, en mi opinión, son más aburridas, pero estas son cosas que hacen las editoriales y con las que él probablemente no estaba de acuerdo, excepto en la parte crematística.

Durante toda su vida fue un viva la virgen, que es uno de los más interesantes oficios que aquí abajo se pueden desempeñar. En lo que concernía a su persona, manejó con arte las relaciones públicas, habilidad que le reportó gran popularidad (al margen de sus libros), por lo que sin meterse en honduras de marujeos diversos fue un personaje muy conocido (y reconocido por el gran público). A esto contribuyó sin duda el no haberse querido nunca sumar (al menos de forma pública) a esas asociaciones que, como partidos políticos y demás, han proliferado en nuestra sociedad; lo mismo podría decirse de modernas tendencias como la progresía, el feminismo o la homosexualidad, por cuyos principios filosóficos nunca tuvo mucha simpatía. En cambio, siempre estuvo al lado de la gente de a pie, y esta se lo agradeció.

En definitiva, fue un cachondo carpetovetónico que hizo lo que le dio la gana, disfrutó la vida (por lo menos, eso parece desprenderse de sus escritos) y nos dejó un legado muy importante. ¿Qué más se puede pedir? Y como final y a modo de ejemplo de su manera de hacer, ¿quieren leer ustedes un párrafo de uno de sus libros? Es muy corto, trescientas palabras, pero vale la pena hacerlo. Está en San Camilo, 1936 y dice así:



Don Roque lleva a las dos criadas de la fonda a la novillada que se celebra en honor de los aviadores Arnáiz y Calvo, don Roque es muy galante con las damas, un poco sobón pero muy galante, tenéis que poneros las dos muy guapas, a los toros no se puede ir de trapillo, descuide don Roque ya verá como no tiene que avergonzarse de nosotras, eso espero, eso espero..., el programa de la novillada no es muy brillante –los aviadores Arnáiz y Calvo se hubieran merecido algo mejor– pero no hay otro, José Neila, Pedro Ramírez y Pedro Barrera, con ganado del señor González Camino, después se desecharon dos reses que fueron substituidas por otras dos de don Juan Terrones pero una resultó una chiva y fue devuelta al corral, se reemplazó por un buey de don Gabriel González que fue fogueado, ¡todo un saldo!, los aviadores Arnáiz y Calvo y el respetable se merecían otra cosa, don Roque se sentó con la Paulina a un lado y la Javiera al otro, la Paulina es más complaciente pero la Javiera es más guapa y vistosa, la Paulina es más calentona pero la Javiera tampoco hace remilgos, la Paulina es celosa y la Javiera en cambio lo que quiere es merendar y que la lleven a los toros, Pedro Ramírez Torerito de Triana cortó una oreja a su segundo, los otros dos espadas no pasaron de voluntariosos, cuando Torerito de Triana saludó desde los medios don Roque le preguntó a la Paulina, ¿te lo tirabas?, ¡calle usted don Roque, qué cosas tiene!, bueno, ya sé que sí, don Roque se volvió a la Javiera, ¿y tú?, ¿yo qué?, que si te lo tirabas, ¡Jesús, qué ocurrencia!



Eso es escribir, y no lo que se estila ahora.



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Al margen de lo anterior, en 2011 compuse una especie de estudio de esta novela (San Camilo, 1936) pasando lista y haciendo una recopilación de sus múltiples personajes (son más de doscientos) y de la manera en que está escrita, que es algo parecido a un puzzle. Esto se puede ver en internet, y descargarlo en pdf (por si alguien tiene curiosidad), en esta dirección:






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Y hasta aquí llegó la broma, que con esto es suficiente. El que quiera saber más, que mire en ESTE SITIO.

sábado, 23 de abril de 2016

Mirando al mar


Hará cosa de treinta años, preguntado Camilo José Cela sobre quién sabe qué cuestión, dio la siguiente respuesta: A las mujeres, en este país, se les toca poco el culo, y ¡santo Dios, la que se armó!
Aunque la mayoría de la gente celebró la expresión como propia de la recia tradición carpetovetónica del autor (y del país), buena parte de ella se dio por aludida, y excuso decir cómo pusieron al autor de la frase, que hay personas muy estrictas, y durante aquellas iniciales eras de la progresía no se permitían ciertas bromitas y estas cosas se llevaban a rajatabla.
Pues bien, cuando aún no ha transcurrido tanto tiempo, semejantes actitudes se han generalizado, o se ven de otra manera, y desde luego han perdido parte de su importancia, prueba de lo cual es que hoy se exhiben con asiduidad en espacios públicos, como puede verse en la siguiente fotografía, que bien podría llamarse Mirando al mar y a don Camilo le hubiera encantado.

 

martes, 8 de noviembre de 2011

Sobre San Camilo 1936, novela de Camilo José Cela



Hay una novela de Camilo José Cela (el escritor más importante en lengua española de los últimos cincuenta años, aunque sobre esto imagino que habrá opiniones encontradas, como sobre todo) que se llama San Camilo 1936 y es la narración de lo que sucedió en Madrid el 18 de julio (san Camilo de Lelis, celestial patrono de los hospitales) de ese año, día en que se armó gordísima; como es sabido, fue cuando comenzó la tan traída y llevada guerra civil.

Don Camilo (así se le suele llamar) tenía entonces veinte años, puesto que nació en 1916, y estaba en Madrid, luego lo vivió en primera persona, que suele ser lo más indicado para tratar cualquier asunto.

Esta no es una novela normal, una novela cualquiera, sino algo que se sale por completo de la actual cursilería seudoliteraria que hoy (2011) se estila. La escribió en 1969, y ha resistido el paso del tiempo mejor que el buen champán. Se compone de las emocionantes novelitas que cada uno de sus más de doscientos personajes lleva pegada al corazón (en palabras de Cela), y de verdad que la cosa es complicada, complicada y divertida. Allí aparece todo, los puticlubs madrileños de entonces, el asalto al cuartel de La Montaña, la vida cotidiana y el ambiente callejero, los entresijos de la política, las masas pidiendo armas... En fin, que vale la pena ponerle los ojos encima y dejar que este señor, que era bastante bruto (pero es que la vida es muy bruta, y no iba él a serlo menos), nos lleve a su antojo por semejante escenario, las calles y casas y familias madrileñas de entonces..., algo sobre lo que sabemos mucho menos de lo que nos imaginamos.

La leí hace bastantes años, pero la he releído hace poco y he confirmado lo que recordaba, que es un monumento, y no he podido resistir la tentación de hacer una lista de los personajes (ya digo que son más de doscientos) y un cierto análisis de la estructura del libro, que no es lo que parece al principio sino algo mucho más complejo, y las consecuencias que he sacado (que quizá se puedan considerar como un despiece del contenido, una cosa cortita, vamos, que no se asuste nadie) lo he colocado en internet a disposición del que tenga curiosidad por ello. Es un archivo que se puede descargar (o simplemente ojear) en la siguiente dirección:


Ah, y no dejéis de leerla, que si sois aficionados a la lectura no os vais a arrepentir. Hoy no se leen (ni se escriben) cosas como estas, y si se escriben, me da la impresión de que se quedan en algún disco duro, pues la mayor parte de las editoriales –en la actualidad– no están para fantasías sino para ganar dinero con libros de adorno y consumo pronto. (Aquí se podría añadir, ¡vivan los Marcial Lafuente Estefanía del tercer milenio!). ¡Qué ruina!, pero bueno, no iba a sustraerse el noble arte de contar historias al correr de los tiempos, y en este terreno, como en el de la música, también existen unos cuarenta criminales que marcan la pauta a iletrados y televidentes diversos.

(La foto que he puesto es la portada de una edición del año 2001 que hizo El Mundo y vendía con el periódico. La ilustración es de Cristina García Ganga).