lunes, 10 de septiembre de 2018

Novela fantástica y futurista: ya está aquí, y gratis



En esta narración –ya lo he dicho en otros sitios– aparte de los protagonistas (Eduguá, la negra y el cachalote) aparecen muchísimos personajes, y siendo como es una novela en gran parte futurista, estos no son normales, personas con las que te puedes cruzar en la calle, sino figurantes fantásticos, aunque no por eso menos reales, pues nuestro mundo, el cotidiano, sólo es uno de los muchos que existen. He aquí algunos de ellos:
Los posaderos del fin del mundo (al final enterrados bajo calizas lastras arrancadas al acantilado...); cachalotes telépatas; astronautas abandonados a su albur en órbita solar; sacofaríngidos y melanocetos (habitantes del fondo del mar), y cómo no, extraterrestres todopoderosos e invisibles que hacen lo que nadie puede hacer sin pedir nada a cambio.
La historia es complicada, ya se ve, como complicada e imprevisible será nuestra suerte durante la época en que transcurre, este siglo, el XXI.


Bueno (que a eso iba). Pues resulta que la primera parte de este libro se podrá descargar libremente del 10 al 14 de este mes de septiembre en el siguiente enlace: 


Como se ve, esto se hace en Amazon, por lo que podéis andar descuidados, que no os van a meter virus o troyanos.
 

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Además, si queréis ver otros libros (cosas de todo tipo, aunque sobre todo novelas), id a ESTE ENLACE.






 

Además, si se quieren ver otros libros (cosas de todo tipo, aunque sobre todo novelas), hay que ir a ESTE ENLACE.

lunes, 27 de agosto de 2018

Plazas mayores españolas

Un elemento constitutivo de las poblaciones españolas es la plaza mayor, amplio lugar abierto en el que confluyen las calles y donde, originalmente, se celebraban los mercados. Hoy quedan muchísimas de ellas, unas mejor conservadas que otras, y aquí traigo unas cuantas. Como se ve, se siguen celebrando acontecimientos, pero ya que los mercados han perdido importancia, para que las gentes se solacen han pasado a convertirse en terrazas de cafetería (no todas).

Alba de Tormes


 Albarracín


 Ayllón

 Cudillero


Garrovillas


Puentedeume


 Salamanca


Santander (plaza moderna, del siglo XX) 


Sigüenza
 

Zafra


Y bueno, el que quiera saber más, que mire AQUÍ, donde a veces (tampoco con frecuencia) se hace mención de este asunto y otros parecidos.


domingo, 12 de agosto de 2018

Cabeceras de blogs

Traigo hoy unas cuantas cabeceras que he hecho para mis blogs. Unas las he utilizado, otras no... El caso es algunas con curiosas y a lo mejor a alguien le divierten.







viernes, 20 de julio de 2018

Piedras por todas partes


 Picos de Europa


En este país abunda la piedra, que ha servido como elemento de construcción. Se circule por donde se circule, sobre todo si son lugares de cierta enjundia, la piedra es el elemento predominante. En las fotos que siguen casi no se ve más que piedra, a saber:

Teatro romano de Mérida

Calle en Trujillo (Cáceres)

  
En Santiago de Compostela, ciudad de piedra
 
Puerta de la catedral de Salamanca


También se puede echar una ojeada a ESTO, donde a veces (tampoco con frecuencia) se hace mención de este asunto y otros parecidos.

lunes, 25 de junio de 2018

«Nubes de estío», novela de las que ya no se ven


Magnífica y muy divertida novela de José María de Pereda (1833-1906), autor hoy poco recordado y del que los actuales escritores podrían aprender muchas cosas.

 
Estas «Nubes de estío» (1891) cuentan lo que sucedió cuando, durante un verano hacia 1870 (más o menos), un prócer madrileño intentó casar a uno de sus hijos (un inútil total) con una señorita santanderina hija de un traficante acaudalado. La historia es perfecta, y los personajes, las situaciones y los escenarios delineados se salen del libro. Más que una novela, parece una película. Encima, es gratis. ¿Qué más se puede pedir? Los que andan buscando lecturas nuevas y amables, aquí tienen un libro que les dará que pensar. 


Se puede conseguir gratis para Kindle en esta dirección,





aunque como está editada por libros.dot, imagino que podréis encontrar otros formatos.

La presente edición electrónica, dejando aparte algunos defectos menores de formato que no impiden en absoluto la lectura (extremo muy a tener en cuenta en esto de las ediciones electrónicas), está también muy bien.



Otros lbros famosos de este autor (que fue gran amigo de Galdós) son Peñas arriba y Sotileza. También se pueden encontrar gratis para Kindle en Amazon.



Y bueno, el que quiera saber más, que mire AQUÍ.

sábado, 2 de junio de 2018

Galdós, genio literario


 
"Episodios Nacionales" de Pérez Galdós. Resumen, explicación y recuento de la obra.


 Este monumental texto (unas 10.000 páginas), quizá el más largo de la literatura española de todos los tiempos, fue escrito por Benito Pérez Galdós en dos etapas de su vida separadas por veinte años. De enero de 1873 (cuando el autor tenía 30 años) a marzo de 1879 (cuando tenía 36), y de abril de 1898 (entonces tenía 55) hasta mayo de 1907 (cuando tenía 64).
(NOTA: en este apunte no se tiene en cuenta la 5ª serie –los seis últimos libros–, que cae fuera de la enumeración que aquí se presenta y quedará para otra ocasión.)


 Las cuatro primeras series (unas 9.000 páginas) que aquí se comentan, narran los acontecimientos sucedidos en España durante 63 años, desde la batalla de Trafalgar, en octubre de 1805, hasta la abdicación de Isabel II en 1868.
Esta es una etapa de la historia de España especialmente revuelta, en la que caben dos guerras, múltiples pronunciamientos, varias constituciones, millones de muertos... Es cuando España se escinde en las dos Españas del poeta, tradicionalistas y liberales, que aún perduran.
Galdós compone una narración novelada en la que continuamente va aportando datos tomados de la realidad. Si bien los personajes principales son fruto de su invención, también intervienen los protagonistas del drama, y así no es extraño que aparezcan los actores auténticos, como reyes (Carlos IV, Fernando VII, Isabel II), significados hombres de estado (Calomarde, Narváez, O'Donnell), generales (Zumalacárregui, Espartero), guerrilleros (El Empecinado, Cabrera) y tantos otros (la monja sor Patrocinio, por ejemplo).
Con semejantes mimbres, y su fantástica prosa e imaginación, Galdós urde una descomunal tela de araña que dejará estupefacto a quien le guste el género de aventuras, porque esto no es un libro de historia, aun siéndolo, sino la mayor epopeya del citado género (el de aventuras) que se ha escrito nunca en el idioma castellano, y para ello se vale de tan enorme número de personajes y escenarios que sería absurdo hacer una estadística completa.
No obstante, para dar una idea de su magnitud, hago un breve resumen:


 1ª serie
Cuenta la guerra de la Independencia y algunos de sus prolegómenos (1805-1814)
Protagonista: Gabriel de Araceli
Escrita de enero de 1873 a marzo de 1875, que son 27 meses, cuando Galdós tiene de 30 a 32 años
Se refiere a acontecimientos sucedidos 60-70 años antes mediante los siguientes títulos (cada libro tiene unas 220 páginas):
1 - Trafalgar / 2 - La corte de Carlos IV / 3 - El 19 de marzo y el 2 de mayo / 4 - Bailén / 5 - Napoléon en Chamartín / 6 - Zaragoza / 7 - Gerona / 8 - Cádiz / 9 - Juan Martín El Empecinado / y 10 - La batalla de Los Arapiles


 2ª serie
Reinado de Fernando VII (1814-1833)
Protagonista: Salvador de Monsalud
Escrita de junio de 1875 a diciembre de marzo de 1879, durante 55 meses.
Galdós tiene de 32 a 36 años
Se refiere a acontecimientos sucedidos 50-60 años antes valiéndose de los siguientes títulos:
1 - El equipaje del rey José / 2 - Memorias de un cortesano de 1815 / 3 - La segunda casaca / 4 - El Grande Oriente / 5 - Siete de julio / 6 - Los cien mil hijos de san Luis / 7 - El terror de 1824 / 8 - Un voluntario realista / 9 - Los apostólicos / y 10 - Un faccioso más... y algunos frailes menos
Esta serie pasa, entre la crítica, como la de mayor valor literario, lo que no es decir mucho, pues todas son magníficas.


3ª serie:
Primera guerra carlista y primera etapa del reinado de Isabel II (1833-1846)
Protagonista: Fernando Calpena
Escrita de abril de 1898 a octubre de 1900, durante 31 meses.
Galdós tiene de 55 a 57 años
Se refiere a acontecimientos sucedidos 55-65 años antes y cuenta con los siguientes títulos:
1 - Zumalacárregui / 2 - Mendizábal / 3 - De Oñate a La Granja / 4 - Luchana / 5 - La camapaña del Maestrazgo / 6 - La estafeta romántica / 7 - Vergara / 8 - Montes de Oca / 9 - Los ayacuchos / y 10 / Bodas reales

 
4ª serie:
Reinado de Isabel II (1846-1868)
Protagonistas múltiples: Beramendi, los Ansúrez, Teresa... (etc.)
Escrita de marzo de 1902 a mayo de 1907, durante 62 meses.
Galdós tiene de 59 a 64 años
Se refiere a acontecimientos sucedidos 40-50 años antes, y los títulos de los libros son:
1 - Las tormentas del 48 / 2 - Narváez / 3 - Los duendes de la camarilla / 4 - La revolución de julio / 5 - O'Donnell / 6 - Aita Tettauen / 7 - Carlos VI en La Rápita / 8 - La vuelta al mundo en la Numancia / 9 - Prim / y 10 - La de los tristes destinos



Todos los libros son magníficos, pero si quieren una recomendación, algo para abrir boca y no internarse a ciegas en el tupido bosque de esta obra colosal, les recomiendo tres títulos:

Juan Martín el Empecinado, anteúltimo de la primera serie, en el que se narra la vida en las guerrillas que plantaron cara a los ejércitos napoleónicos durante la guerra de la Independencia. Episodio fundamentalmente épico, desgrana las alternativas que sufrieron estas unidades contempladas por los ojos de Gabriel de Araceli, protagonista de la serie, que en las esteparias regiones del invierno de la provincia de Guadalajara, prosigue la incansable búsqueda de su amada Inés.
El terror de 1824, séptimo de la segunda serie, en el que se relata la vida en Madrid durante el ministerio de Calomarde (ministro del Interior, diríamos hoy), estado policiaco que este personaje llevó al extremo durante uno de los gobiernos de Fernando VII,
y Bodas reales, último de la tercera serie, en donde se cuenta la vida diaria de una familia manchega que ha plantado sus reales en Madrid por motivos políticos. Aquí encontramos los impagables personajes galdosianos (el padre, las hijas, doña Leandra y tantos otros) protagonizando un drama que culmina con la celebración de la boda de Isabel II con su primo Francisco de Asís. Madrid está de fiesta (en la calle todo son fuegos artificiales...), mientras en casa de los Carrasco (los manchegos) tiene lugar el último acto de...

De forma –y aquí acabo– que si usted es partidario del género de aventuras (aventuras múltiples e incesantes) y de las narraciones históricas, no lo puede tener más fácil. Hínquele el diente a este monumento de las letras españolas y comprobará cómo no puede dejar de leer hasta el final. O aún mejor: tómeselo en pequeñas dosis (permita que pase el tiempo entre serie y serie), a ver si se va a empachar.

(NOTA FINAL: la imágenes están tomadas de portadas de la edición de bolsillo de Alianza Editorial.)

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Y como de costumbre, no se pierda esto:





jueves, 17 de mayo de 2018

Novelas de aventuras: el más grande: Julio Verne

Julio Verne fotografiado por Nadar en 1878, a los 50 años.


Por supuesto, leí las novelas de este señor cuando era pequeño, y tenía buen recuerdo de ellas; muy difuso, pues los años no pasan en balde, pero conservaba vivas la idea de su ingenio y la amenidad de sus relatos. El caso es que ahora he vuelto a leer diez de ellas, seguidas, que son:

Cinco semanas en globo
La isla misteriosa
Veinte mil leguas de viaje submarino
La vuelta al mundo en ochenta días
La esfinge de hielo
El volcán de oro
Miguel Strogoff
Dos años de vacaciones
Viaje al centro de la Tierra
Alrededor de la Luna

... y tengo que decir que este autor es un genio.
Dejando aparte las malas traducciones (a veces pésimas, aunque a veces, no se sabe por qué, medianamente correctas) y las peores ediciones (esto de las ediciones electrónicas clama al cielo), el fondo que te queda tras acabar semejante lectura (y salvar los innumerables escollos de las impresentables y ya citadas ediciones) es magnífico.
Por ejemplo: todos estos libros tienen algo en común, y es que en ellos, amén de las continuas aventuras con que adorna el relato, va pasando revista a lugares que en su tiempo eran casi desconocidos.

En Cinco semanas en globo es África de este a oeste (desde Zanzíbar a Senegal) vista desde el aire.
En La isla misteriosa: aventuras de unos náufragos en una isla desierta, a la que sacan el mayor partido posible.
Veinte mil leguas de viaje submarino: descripción del fondo del mar, y no de un mar, sino de todos los océanos, pues el larguísimo viaje transcurre por el Pacífico, el Índico, el Mediterráneo y el Atlántico.
La vuelta al mundo en ochenta días: como dice el título, la vuelta al mundo en su época, para lo que utiliza todos los medios de transporte imaginables: barcos, ferrocarriles, carros, elefantes..., e incluso un trineo a vela en el que los viajeros recorren parte de las llanuras centrales de los Estados Unidos.
La esfinge de hielo: viaje hasta el polo sur, en donde supone que hay un océano navegable. (Esta novela es una especie de continuación de La narración de Arthur Gordon Pym de Edgar Allan Poe.)
El volcán de oro: acerca de la vida en los placeres auríferos del norte de Canadá, lindando con Alaska, más allá del círculo polar.
Miguel Strogoff: relato de un viaje ambientado en Siberia, cuyos protagonistas la recorren desde Moscú a Irtkusk, casi en las mismas orillas del océano Pacífico.
Dos años de vacaciones: nueva narración de náufragos, en la que los protagonistas son un grupo de niños de seis a catorce años, capaces (como en La isla misteriosa) de sacar el máximo partido a sus adversas circunstancias.
Viaje al centro de la Tierra: los expedicionarios (un profesor loco, su sobrino y un islandés) no llegan al mismo centro, pero efectúan un largo recorrido por parajes fantásticos.
Alrededor de la Luna: continuación del libro llamado De la Tierra a la Luna, en el que se relata el viaje hasta la Luna, su circunnavegación y la vuelta a la Tierra.

Mi opinión es que la mayor parte de estos libros son unos monumentos de lectura obligada para los aficionados al género de aventuras. Tan sólo los dos últimos citados (Viaje al centro de la Tierra y Alrededor de la Luna) me han parecido un poco más flojos, quizá porque los lugares en los que transcurren son hoy más conocidos y choca el exceso de fantasía, pero el resto resultan totalmente creíbles, y la cantidad de datos que aporta sobre los lugares que describe va mucho más allá de lo esperado.
Julio Verne es conocido como «el padre de la ficción científica», y no en vano, puesto que imaginó máquinas que entonces no existían y hoy han sido construidas. Por ejemplo, las naves espaciales del programa Apolo o el submarino de Veinte mil leguas de viaje submarino, perfecto trasunto de los sumergibles nucleares existentes, tanto en su tamaño como en el aspecto con que lo describe. Es verdad que el suyo no era nuclear, sino eléctrico, pero esto, si bien se piensa, es un detalle menor, y para que se vea hasta qué extremo llegan estas semejanzas, el primer submarino nuclear que se construyó en los Estados Unidos (también el primero que pasó sumergido bajo el polo norte, lo que sucedió en 1958) fue bautizado con el nombre que dio Verne al suyo: Nautilus.

Una circunstancia que llama la atención y merece la pena reseñar es que los protagonistas de estas aventuras son casi todos hombres; algunos, como Phileas Fogg o el capitán Nemo, muy famosos. En los diez libros citados, tan sólo hay tres mujeres que tengan algún peso en el desarrollo de las historias: Nadia, en Miguel Strogoff; Aouida, en La vuelta al mundo en ochenta días, y, en menor medida, Kate, una chica que llega a la isla, igualmente náufraga, y que aparece casi al final de Dos años de vacaciones. Sin embargo, este es un detalle que, al menos para mí, carece de importancia. Él escribió lo que quiso, y no podemos por menos de agradecérselo.
Otras novelas de este autor, no citadas aquí, son: Los hijos del capitán Grant, Escuela de robinsones, Un capitán de quince años, Matías Sandorf, El soberbio Orinoco, El castillo de los Cárpatos, El archipiélago en llamas y muchas otras que podéis ver aquí: https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Bibliografía_de_Julio_Verne

De paso, también podéis ver esto otro:
Novelas de aventuras de Camargo Rain:


sábado, 12 de mayo de 2018

Y ahora, otro libro por la cara...


Y desde hoy, día 12 de mayo, hasta el 16, miércoles, lo que podéis descargar gratis es este otro libro, que no es la vida de Nastasia sino la de Patricia; bueno, la de Patricia, la de Pipo (un chaval de trece años) y la de Sean, que es un medio gallego medio escocés muy simpático y desempeña en esa casa (la de los padres del chaval) las funciones de jefe de seguridad; el que controla, vamos, y el que se da cuenta de todo lo que está sucediendo allí.
Transcurre durante cuatro estaciones (un curso escolar completo), y el chaval, ¿acaba ligando con la institutriz que le ha puesto su madre, la mentada Patricia, porque no estudia lo suficiente? Pues no, claro, cómo va a hacer eso, pero casi. Así que si te quieres enterar de lo que sucedió durante aquel año entre las cuatrocientas paredes que contienen a los protagonistas..., nada más fácil. Vas a este enlace,



y lo descargas por el morro. Luego lo lees... (que probablemente te reirás con las historias que en él se cuentan) y asunto concluido.

Si después te quieres enterar de otros pormenores, MIRA AQUÍ.


lunes, 7 de mayo de 2018

Puedes descargar gratis este libro




Como es sabido, Amazon te deja poner a veces (cinco días cada tres meses) libros gratis. Algunas veces se me olvida, porque los libros tienen su vida propia en ese mostruoso entramado que es el mercado en internet (este está en Amazon, sí, pero también en un montón de portales piratas de descarga, y ya hace tiempo que desistí de seguirle la pista a este y a sus hermanos), pero esta vez lo voy a decir: desde el 7 al 11 de mayo se podrá descargar libremente y sin virus ni troyanos (no como en esos portales de descarga que hay por ahí y en donde te meten de todo), La efímera vida de Nastasia, que no es un libro normal, por suerte, sino anormal. Para empezar, cuenta la vida de una chica que...
Bueno, me voy a dejar de rollos y decir sólo lo importante: tiene unas 300 páginas, lo puedes descargar gratis, y el enlace para hacerlo es este:



 Que os divirtáis.


 ¡Ah!, y si queréis ver más cosas, MIRAD AQUÍ


miércoles, 11 de abril de 2018

Nastasia va a una manifestación


https://www.amazon.es/dp/B07C9BZ6TS

 Aventuras de Nastasia. A continuación pongo una:

Yo tenía una amiga..., vamos, tenía varias..., pero tenía una que se llamaba Natalia, con la que discutía estas cuestiones.

–¿Tú sabes lo del dividendo y lo del divisor?

–¿Cuál?

–No, que si sabes lo del dividendo y lo del divisor.

Natalia me miraba incrédula. Yo creo que aquel asunto no le interesaba absolutamente nada.

–¿Vamos a mi casa?

–Bueno –e íbamos.

Su casa estaba muy cerca de la mía y no se parecía en nada. Era muy grande, y todos los muebles eran oscuros y antiguos y aparatosos.

–¡Jo!, vaya armario...

A Natalia, como lo conocía desde pequeña, no le llamaba la atención.

–¿Qué le pasa?

–Pues que es grandísimo.

–¿Grandísimo...? ¡Qué va! Tenías que ver el del cuarto de mis padres. Ese sí que es grande. Bueno, ¿jugamos a algo?

Natalia tenía muchísimos juguetes y muñecas.

–Esta es mi preferida. Antes era esa otra, pero ahora es esta. Se llama Lucrecia, pero yo la llamo Lucre. Tiene un montón de vestidos, y algunos se los ha hecho la costurera. ¿En tu casa hay costurera? –y luego, cuando estábamos enfrascadísimas con lo de las muñecas, se abrió la puerta y asomó la cabeza una señora muy peripuesta.

–¡Tía Natalia!

Natalia se levantó corriendo y fue a darle un beso mientras por detrás asomaba la cabeza de su madre.

–¿Y quién es esta amiga tuya? ¡Qué guapa...! Ven, dame un beso –y yo, obedientemente, fui y se lo di.

La señora era medio joven y bastante guapa. Además iba muy bien vestida, y olía también muy bien, bastante fuerte pero bien. Debía de usar algún perfume de esos caros, de los que le gustaban a mi madre. Estuvieron allí un rato y la tía nos dijo,

–¿Me vais a acompañar el día de la manifestación? –y Natalia contestó,

–¡Pues claro! ¿Tú quieres venir? –y yo, que no tenía ni idea de qué era aquello de la manifestación, por no parecer grosera dije,

–Bueno –y la señora se deshizo.

–¡Qué simpática! Bueno, pues ya hablaremos –y se fueron y allí quedó la cosa.

A los pocos días, Natalia, a la salida de clase, me dijo,

–Oye, ¿te quieres venir a casa a probar? –y yo contesté,

–¿A probar qué?

–Pues el uniforme.

–¿El uniforme? ¿Qué uniforme? –y Natalia me puso en antecedentes.

–Es que a la manifestación hay que ir de uniforme, todos vamos de uniforme. Además es muy bonito, ya lo verás, tiene una gorra roja.

–¿Una gorra roja?, ¿sí? –y allá fuimos.

Subimos a su casa y su madre nos dijo,

–¡Ah!, ¿ya estáis aquí? A ver, Natalia, enséñale a Nastasia su uniforme y os lo ponéis, que os quiero ver, ¿vale?

–Vale.

Total, que fuimos a su cuarto y nos los pusimos. El uniforme era azul marino. Era una falda como de palas y un jersey normal. También tenía medias del mismo color, pero esas no nos las pusimos, y la gorra roja era una especie de boina que tenía bordadas con hilo amarillo dos letras: efe y ene.

–Y esto, ¿qué significa?

–Ni idea.

–Bueno, da igual.

Salimos, y su madre nos pasó revista.

–¡Hijas mías!, ¡pero qué bien os queda...! A ver, Nastasia, date la vuelta... ¡Pero, hija, si parece que te lo han hecho a medida! –y con aquello hasta a mí me convenció.

Me quedé muy ufana y orgullosa y no me lo quise quitar, y la gorra menos, hasta que me fui, por la noche, cuando volví a casa.

La manifestación era un sábado por la tarde. Yo salí de casa y no dije nada. A mi padre por supuesto, pero tampoco se lo dije a mi madre, no sé por qué. A mí me daba la impresión de que estaba haciendo algo prohibido, de forma que no dije una palabra.

–Oye, que me voy a casa de Natalia.

–Bueno, hija. Si no estoy cuando vuelvas, vete a buscarme al bar.

–Vale –y me fui.

En casa de Natalia nos disfrazamos entre risitas histéricas y nos estuvimos mirando en el espejo. Yo me ponía la boina ladeada, que me quedaba mejor, pero su madre dijo que no era así.

–No, mujer, póntela bien que tenéis que ir muy guapas, ya verás. Ahora vendrá la tía Natalia, que os va a llevar –y, en efecto, al cabo de un rato llegó su tía, que no iba de uniforme sino de normal, de calle, y nos dijo,

–Muy bien, estáis muy bien. Ahora vamos a buscar a los otros chicos, y cuando acabemos nos vamos a merendar. ¿Queréis ir luego a merendar conmigo? –y Natalia dijo,

–¡Huy, sí, claro! –así que nos fuimos con ella a donde se celebraba la manifestación, que era allí al lado, unas manzanas más allá.

Todo el mundo nos miraba, pero es que pocas veces se ve a dos niñas de uniforme raro. Imagino que pensarían que éramos de algún colegio, no sé, y en seguida llegamos y resultó que había muchos niños más, todos vestidos igual que nosotras. Entonces, un señor bastante raro, uno calvo, con camisa azul marino como las nuestras, bigotito y gafas negras, nos hizo formar, como los soldados de las películas, y nos dijo que íbamos a ir a un sitio que no entendí, nos hicieron ir a todos en fila por la acera otras dos manzanas hasta el sitio que ellos decían. Los mayores iban como desfilando, medio haciendo el tonto pero como si desfilaran, y nosotras los imitábamos muertas de risa, y así llegamos a una calle bastante ancha en donde, al parecer, tenía lugar aquello. Era enfrente de un bar que se llamaba no sé qué 47. A mí eso de los nombres nunca se me ha dado bien, y además aquel sólo lo vi una vez, pero de los números sí que me suelo acordar. ¿Cómo no me voy a acordar del 47? Es facilísimo. Bueno, pues estábamos allí, en una calle ancha que estaba cerca de casa, todo lleno de coches y autobuses y gente, porque era la hora en que todo el mundo sale a la calle, cuando algunos de los mayores que iban con nosotros se pusieron a gritar. Sacaron unos altavoces muy raros, unos aparatos con forma de altavoz y que se agarraban con la mano, y se pusieron a dar voces. Qué decían, no lo sé, no se entendía nada; desde donde nosotras estábamos sólo se oía un ruido muy raro y las palabras no se entendían. Era como una letanía, y algunos de los niños contestaban. Debía de ser que ellos sabían lo que había que contestar, pero a nosotras no nos lo habían dicho y nos limitamos a mirar, y en esto estábamos, en lo de la letanía, cuando aparecieron algunas furgonetas de la policía que aparcaron por allí cerca, unas a la derecha y otras a la izquierda, y de ellas se bajaron muchos guardias que se colocaron en fila en la acera de enfrente a la que ocupábamos nosotros. Se pusieron todos allí y nos miraban, pero no hacían nada. Los guardias eran los de siempre, los que veías por la calle. Iban vestidos con unos abrigones grises muy grandes y aparatosos que no sé cómo les dejaban moverse, y desde que llegaron se redoblaron los gritos que daban los que estaban con nosotros. Gritaba todo el mundo, hasta la tía de Natalia, que estaba allí detrás. Bueno, más que gritar, resulta que se transfiguró. De la que yo vi el primer día en su casa no quedaba nada, seguro que ya ni olía bien. Se puso hecha un basilisco, toda colorada, encendida; yo creo que se puso hasta cardíaca. Gritaba a voz en cuello, aunque no sé qué decía porque tampoco se la entendía, pero una vez, en lo más alto de su exaltación, sí le entendí una cosa, ¡policía comunista!, y luego lo decían todos, ¡policía comunista!, ¡policía comunista!, y los guardias de enfrente nos miraban con no muy buena cara. Estaban tranquilos y no se movían, pero estaban allí enfrente, todos tiesos y con las manos atrás...

Nosotras nos encontrábamos bastante asustadas, yo desde luego, y Natalia por un estilo, pero algunos niños de los que había alrededor hacían bromas.

–No, si no pasa nada.

–Sí, tú fíate de la Virgen y no corras.

–¿Has visto lo que dice este?

–¿Qué dice?

–No sé. A ver, dilo otra vez.

–Pues que te fíes de la Virgen y no corras.

–¡Jo!, ¿y eso qué es?

–Pues no sé, pero lo dice mi padre.

–¡Jo...! –y de repente se oyeron sonar unos pitos, ¡pi pi piiiii...!

Miramos y vimos que un grupo de guardias con las porras levantadas venían a todo correr hacia nosotros, y allí se organizó la desbandada.

Todo el mundo salió corriendo hacia donde pudo, unos hacia arriba y otros hacia abajo. Yo agarré de la mano a Natalia y le dije,

–Venga, corre, vámonos –pero Natalia se había quedado paralizada.

Ni me oía ni me escuchaba, se había quedado de pie con la boca abierta y parecía que estaba alelada, así que como los guardias estaban ya muy cerca, y a los que estaban en el extremo, que eran mayores, les estaban dando palos, no lo pensé más y salí pitando hacia donde parecía que había menos gente. Guardias había por todas partes, pero yo hice unos cuantos regates y no me tocó nadie, aunque era difícil salir de aquel tumulto. Todo estaba lleno de gente que se caía y se levantaba, sobre todo los mayores. Yo no sé cómo los guardias podían pegar a todos aquellos viejos, pero el caso era que lo hacían, les pegaban unos porrazos que no veas. ¿Serían comunistas de verdad? Vaya usted a saber, y en mitad de la refriega me encontré al lado de un guardia con la porra en la mano. Yo le miré como con miedo y sin saber qué hacer, pero él se dio la vuelta y se fue corriendo a pegar a otros. Yo también me di la vuelta para salir huyendo, pero había tanta gente que me tropecé con alguien y me caí al suelo. Me hice bastante daño en una rodilla, o sea, me hice hasta sangre, aunque de eso no me di cuenta sino cuando llegué a casa. De lo que sí me di cuenta fue de que allí, en el suelo, ante mí, había una cartera de cuero de las que se llevan en el bolsillo, que seguro que con todo el lío se le había caído a alguien. Era una cartera muy lujosa, muy buena, y tenía grabados unos dibujos que parecían un montón de flechas. Yo la vi y pensé, ¡ahí va!, ¡una cartera! La cogí, me levanté y eché a correr otra vez, esta vez hacia arriba, porque los guardias se iban en sentido contrario persiguiendo a otros grupos, pero como yo corría muchísimo, y más en aquellas circunstancias, en seguida estuve fuera de su alcance y me metí por la primera bocacalle que pude, luego por otra..., y al cabo de un momento resultó que estaba sola.

Iba a toda velocidad por una calle en la que ya había poca gente. Las personas me miraban al pasar y se apartaban, pero allí ya no había guardias ni nada. Yo iba con la cartera en la mano, y cuando me di cuenta de que nadie me perseguía paré un poco, miré a mi alrededor y volví a casa dando un rodeo. Durante todo el trayecto no vi a nadie que fuera vestido como yo, ni guardias, así que con el susto en el cuerpo, mirando sin parar por las cercanías, sobre todo desde las esquinas, por si acaso, y apretando la cartera todo lo que pude, llegué al portal, subí la escalera como un meteoro, entré y cerré de un portazo.

Una vez dentro respiré y entré en mi cuarto. En casa no había nadie porque mis padres estaban trabajando, así que lo primero que hice fue cambiarme de ropa. Me despojé de aquel uniforme, que se había ensuciado bastante, y me vestí como siempre, y al hacerlo vi que tenía sangre en una rodilla, pero me la lavé un poco y se me quitó en seguida. Luego fui a mi cuarto, cogí la cartera y la abrí. Dentro había billetes, había mucho dinero, y papeles, pero los papeles no quise ni mirarlos. Saqué el dinero y lo conté. Allí había más de dos mil pesetas, lo que me pareció un capital, claro, porque para mí era muchísimo, pero ni se me ocurrió devolverlo; después de lo que había sucedido yo no pensaba volver a ver a ninguno de aquellos. A Natalia ya la encontraría en el colegio, pero eso me daba igual, de forma que lo escondí en el armario debajo de todos los jerséis. Estuve un rato dando vueltas por casa para que no se me notara lo que había sucedido, me peiné y me fui a buscar a mi madre al bar. Me daba un poco de miedo salir a la calle, pero como ya no llevaba el uniforme pensé que no importaba, y al salir del portal miré hacia los lados, pero allí no ocurría nada. La gente era la misma de siempre y todo parecía estar en calma, así que tiré la cartera en una papelera, hasta con los papeles, y salí corriendo; yo creo que no me vio nadie.

Este es uno de los capítulos de un libro que se puede ver AQUÍ, y AQUÍ se pueden ver otras cosas.