sábado, 2 de junio de 2018

Galdós, genio literario


 
"Episodios Nacionales" de Pérez Galdós. Resumen, explicación y recuento de la obra.


 Este monumental texto (unas 10.000 páginas), quizá el más largo de la literatura española de todos los tiempos, fue escrito por Benito Pérez Galdós en dos etapas de su vida separadas por veinte años. De enero de 1873 (cuando el autor tenía 30 años) a marzo de 1879 (cuando tenía 36), y de abril de 1898 (entonces tenía 55) hasta mayo de 1907 (cuando tenía 64).
(NOTA: en este apunte no se tiene en cuenta la 5ª serie –los seis últimos libros–, que cae fuera de la enumeración que aquí se presenta y quedará para otra ocasión.)


 Las cuatro primeras series (unas 9.000 páginas) que aquí se comentan, narran los acontecimientos sucedidos en España durante 63 años, desde la batalla de Trafalgar, en octubre de 1805, hasta la abdicación de Isabel II en 1868.
Esta es una etapa de la historia de España especialmente revuelta, en la que caben dos guerras, múltiples pronunciamientos, varias constituciones, millones de muertos... Es cuando España se escinde en las dos Españas del poeta, tradicionalistas y liberales, que aún perduran.
Galdós compone una narración novelada en la que continuamente va aportando datos tomados de la realidad. Si bien los personajes principales son fruto de su invención, también intervienen los protagonistas del drama, y así no es extraño que aparezcan los actores auténticos, como reyes (Carlos IV, Fernando VII, Isabel II), significados hombres de estado (Calomarde, Narváez, O'Donnell), generales (Zumalacárregui, Espartero), guerrilleros (El Empecinado, Cabrera) y tantos otros (la monja sor Patrocinio, por ejemplo).
Con semejantes mimbres, y su fantástica prosa e imaginación, Galdós urde una descomunal tela de araña que dejará estupefacto a quien le guste el género de aventuras, porque esto no es un libro de historia, aun siéndolo, sino la mayor epopeya del citado género (el de aventuras) que se ha escrito nunca en el idioma castellano, y para ello se vale de tan enorme número de personajes y escenarios que sería absurdo hacer una estadística completa.
No obstante, para dar una idea de su magnitud, hago un breve resumen:


 1ª serie
Cuenta la guerra de la Independencia y algunos de sus prolegómenos (1805-1814)
Protagonista: Gabriel de Araceli
Escrita de enero de 1873 a marzo de 1875, que son 27 meses, cuando Galdós tiene de 30 a 32 años
Se refiere a acontecimientos sucedidos 60-70 años antes mediante los siguientes títulos (cada libro tiene unas 220 páginas):
1 - Trafalgar / 2 - La corte de Carlos IV / 3 - El 19 de marzo y el 2 de mayo / 4 - Bailén / 5 - Napoléon en Chamartín / 6 - Zaragoza / 7 - Gerona / 8 - Cádiz / 9 - Juan Martín El Empecinado / y 10 - La batalla de Los Arapiles


 2ª serie
Reinado de Fernando VII (1814-1833)
Protagonista: Salvador de Monsalud
Escrita de junio de 1875 a diciembre de marzo de 1879, durante 55 meses.
Galdós tiene de 32 a 36 años
Se refiere a acontecimientos sucedidos 50-60 años antes valiéndose de los siguientes títulos:
1 - El equipaje del rey José / 2 - Memorias de un cortesano de 1815 / 3 - La segunda casaca / 4 - El Grande Oriente / 5 - Siete de julio / 6 - Los cien mil hijos de san Luis / 7 - El terror de 1824 / 8 - Un voluntario realista / 9 - Los apostólicos / y 10 - Un faccioso más... y algunos frailes menos
Esta serie pasa, entre la crítica, como la de mayor valor literario, lo que no es decir mucho, pues todas son magníficas.


3ª serie:
Primera guerra carlista y primera etapa del reinado de Isabel II (1833-1846)
Protagonista: Fernando Calpena
Escrita de abril de 1898 a octubre de 1900, durante 31 meses.
Galdós tiene de 55 a 57 años
Se refiere a acontecimientos sucedidos 55-65 años antes y cuenta con los siguientes títulos:
1 - Zumalacárregui / 2 - Mendizábal / 3 - De Oñate a La Granja / 4 - Luchana / 5 - La camapaña del Maestrazgo / 6 - La estafeta romántica / 7 - Vergara / 8 - Montes de Oca / 9 - Los ayacuchos / y 10 / Bodas reales

 
4ª serie:
Reinado de Isabel II (1846-1868)
Protagonistas múltiples: Beramendi, los Ansúrez, Teresa... (etc.)
Escrita de marzo de 1902 a mayo de 1907, durante 62 meses.
Galdós tiene de 59 a 64 años
Se refiere a acontecimientos sucedidos 40-50 años antes, y los títulos de los libros son:
1 - Las tormentas del 48 / 2 - Narváez / 3 - Los duendes de la camarilla / 4 - La revolución de julio / 5 - O'Donnell / 6 - Aita Tettauen / 7 - Carlos VI en La Rápita / 8 - La vuelta al mundo en la Numancia / 9 - Prim / y 10 - La de los tristes destinos



Todos los libros son magníficos, pero si quieren una recomendación, algo para abrir boca y no internarse a ciegas en el tupido bosque de esta obra colosal, les recomiendo tres títulos:

Juan Martín el Empecinado, anteúltimo de la primera serie, en el que se narra la vida en las guerrillas que plantaron cara a los ejércitos napoleónicos durante la guerra de la Independencia. Episodio fundamentalmente épico, desgrana las alternativas que sufrieron estas unidades contempladas por los ojos de Gabriel de Araceli, protagonista de la serie, que en las esteparias regiones del invierno de la provincia de Guadalajara, prosigue la incansable búsqueda de su amada Inés.
El terror de 1824, séptimo de la segunda serie, en el que se relata la vida en Madrid durante el ministerio de Calomarde (ministro del Interior, diríamos hoy), estado policiaco que este personaje llevó al extremo durante uno de los gobiernos de Fernando VII,
y Bodas reales, último de la tercera serie, en donde se cuenta la vida diaria de una familia manchega que ha plantado sus reales en Madrid por motivos políticos. Aquí encontramos los impagables personajes galdosianos (el padre, las hijas, doña Leandra y tantos otros) protagonizando un drama que culmina con la celebración de la boda de Isabel II con su primo Francisco de Asís. Madrid está de fiesta (en la calle todo son fuegos artificiales...), mientras en casa de los Carrasco (los manchegos) tiene lugar el último acto de...

De forma –y aquí acabo– que si usted es partidario del género de aventuras (aventuras múltiples e incesantes) y de las narraciones históricas, no lo puede tener más fácil. Hínquele el diente a este monumento de las letras españolas y comprobará cómo no puede dejar de leer hasta el final. O aún mejor: tómeselo en pequeñas dosis (permita que pase el tiempo entre serie y serie), a ver si se va a empachar.

(NOTA FINAL: la imágenes están tomadas de portadas de la edición de bolsillo de Alianza Editorial.)

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Y como de costumbre, no se pierda esto:





jueves, 17 de mayo de 2018

Novelas de aventuras: el más grande: Julio Verne

Julio Verne fotografiado por Nadar en 1878, a los 50 años.


Por supuesto, leí las novelas de este señor cuando era pequeño, y tenía buen recuerdo de ellas; muy difuso, pues los años no pasan en balde, pero conservaba vivas la idea de su ingenio y la amenidad de sus relatos. El caso es que ahora he vuelto a leer diez de ellas, seguidas, que son:

Cinco semanas en globo
La isla misteriosa
Veinte mil leguas de viaje submarino
La vuelta al mundo en ochenta días
La esfinge de hielo
El volcán de oro
Miguel Strogoff
Dos años de vacaciones
Viaje al centro de la Tierra
Alrededor de la Luna

... y tengo que decir que este autor es un genio.
Dejando aparte las malas traducciones (a veces pésimas, aunque a veces, no se sabe por qué, medianamente correctas) y las peores ediciones (esto de las ediciones electrónicas clama al cielo), el fondo que te queda tras acabar semejante lectura (y salvar los innumerables escollos de las impresentables y ya citadas ediciones) es magnífico.
Por ejemplo: todos estos libros tienen algo en común, y es que en ellos, amén de las continuas aventuras con que adorna el relato, va pasando revista a lugares que en su tiempo eran casi desconocidos.

En Cinco semanas en globo es África de este a oeste (desde Zanzíbar a Senegal) vista desde el aire.
En La isla misteriosa: aventuras de unos náufragos en una isla desierta, a la que sacan el mayor partido posible.
Veinte mil leguas de viaje submarino: descripción del fondo del mar, y no de un mar, sino de todos los océanos, pues el larguísimo viaje transcurre por el Pacífico, el Índico, el Mediterráneo y el Atlántico.
La vuelta al mundo en ochenta días: como dice el título, la vuelta al mundo en su época, para lo que utiliza todos los medios de transporte imaginables: barcos, ferrocarriles, carros, elefantes..., e incluso un trineo a vela en el que los viajeros recorren parte de las llanuras centrales de los Estados Unidos.
La esfinge de hielo: viaje hasta el polo sur, en donde supone que hay un océano navegable. (Esta novela es una especie de continuación de La narración de Arthur Gordon Pym de Edgar Allan Poe.)
El volcán de oro: acerca de la vida en los placeres auríferos del norte de Canadá, lindando con Alaska, más allá del círculo polar.
Miguel Strogoff: relato de un viaje ambientado en Siberia, cuyos protagonistas la recorren desde Moscú a Irtkusk, casi en las mismas orillas del océano Pacífico.
Dos años de vacaciones: nueva narración de náufragos, en la que los protagonistas son un grupo de niños de seis a catorce años, capaces (como en La isla misteriosa) de sacar el máximo partido a sus adversas circunstancias.
Viaje al centro de la Tierra: los expedicionarios (un profesor loco, su sobrino y un islandés) no llegan al mismo centro, pero efectúan un largo recorrido por parajes fantásticos.
Alrededor de la Luna: continuación del libro llamado De la Tierra a la Luna, en el que se relata el viaje hasta la Luna, su circunnavegación y la vuelta a la Tierra.

Mi opinión es que la mayor parte de estos libros son unos monumentos de lectura obligada para los aficionados al género de aventuras. Tan sólo los dos últimos citados (Viaje al centro de la Tierra y Alrededor de la Luna) me han parecido un poco más flojos, quizá porque los lugares en los que transcurren son hoy más conocidos y choca el exceso de fantasía, pero el resto resultan totalmente creíbles, y la cantidad de datos que aporta sobre los lugares que describe va mucho más allá de lo esperado.
Julio Verne es conocido como «el padre de la ficción científica», y no en vano, puesto que imaginó máquinas que entonces no existían y hoy han sido construidas. Por ejemplo, las naves espaciales del programa Apolo o el submarino de Veinte mil leguas de viaje submarino, perfecto trasunto de los sumergibles nucleares existentes, tanto en su tamaño como en el aspecto con que lo describe. Es verdad que el suyo no era nuclear, sino eléctrico, pero esto, si bien se piensa, es un detalle menor, y para que se vea hasta qué extremo llegan estas semejanzas, el primer submarino nuclear que se construyó en los Estados Unidos (también el primero que pasó sumergido bajo el polo norte, lo que sucedió en 1958) fue bautizado con el nombre que dio Verne al suyo: Nautilus.

Una circunstancia que llama la atención y merece la pena reseñar es que los protagonistas de estas aventuras son casi todos hombres; algunos, como Phileas Fogg o el capitán Nemo, muy famosos. En los diez libros citados, tan sólo hay tres mujeres que tengan algún peso en el desarrollo de las historias: Nadia, en Miguel Strogoff; Aouida, en La vuelta al mundo en ochenta días, y, en menor medida, Kate, una chica que llega a la isla, igualmente náufraga, y que aparece casi al final de Dos años de vacaciones. Sin embargo, este es un detalle que, al menos para mí, carece de importancia. Él escribió lo que quiso, y no podemos por menos de agradecérselo.
Otras novelas de este autor, no citadas aquí, son: Los hijos del capitán Grant, Escuela de robinsones, Un capitán de quince años, Matías Sandorf, El soberbio Orinoco, El castillo de los Cárpatos, El archipiélago en llamas y muchas otras que podéis ver aquí: https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Bibliografía_de_Julio_Verne

De paso, también podéis ver esto otro:
Novelas de aventuras de Camargo Rain:


sábado, 12 de mayo de 2018

Y ahora, otro libro por la cara...


Y desde hoy, día 12 de mayo, hasta el 16, miércoles, lo que podéis descargar gratis es este otro libro, que no es la vida de Nastasia sino la de Patricia; bueno, la de Patricia, la de Pipo (un chaval de trece años) y la de Sean, que es un medio gallego medio escocés muy simpático y desempeña en esa casa (la de los padres del chaval) las funciones de jefe de seguridad; el que controla, vamos, y el que se da cuenta de todo lo que está sucediendo allí.
Transcurre durante cuatro estaciones (un curso escolar completo), y el chaval, ¿acaba ligando con la institutriz que le ha puesto su madre, la mentada Patricia, porque no estudia lo suficiente? Pues no, claro, cómo va a hacer eso, pero casi. Así que si te quieres enterar de lo que sucedió durante aquel año entre las cuatrocientas paredes que contienen a los protagonistas..., nada más fácil. Vas a este enlace,



y lo descargas por el morro. Luego lo lees... (que probablemente te reirás con las historias que en él se cuentan) y asunto concluido.

Si después te quieres enterar de otros pormenores, MIRA AQUÍ.


lunes, 7 de mayo de 2018

Puedes descargar gratis este libro




Como es sabido, Amazon te deja poner a veces (cinco días cada tres meses) libros gratis. Algunas veces se me olvida, porque los libros tienen su vida propia en ese mostruoso entramado que es el mercado en internet (este está en Amazon, sí, pero también en un montón de portales piratas de descarga, y ya hace tiempo que desistí de seguirle la pista a este y a sus hermanos), pero esta vez lo voy a decir: desde el 7 al 11 de mayo se podrá descargar libremente y sin virus ni troyanos (no como en esos portales de descarga que hay por ahí y en donde te meten de todo), La efímera vida de Nastasia, que no es un libro normal, por suerte, sino anormal. Para empezar, cuenta la vida de una chica que...
Bueno, me voy a dejar de rollos y decir sólo lo importante: tiene unas 300 páginas, lo puedes descargar gratis, y el enlace para hacerlo es este:



 Que os divirtáis.


 ¡Ah!, y si queréis ver más cosas, MIRAD AQUÍ


miércoles, 11 de abril de 2018

Nastasia va a una manifestación


https://www.amazon.es/dp/B07C9BZ6TS

 Aventuras de Nastasia. A continuación pongo una:

Yo tenía una amiga..., vamos, tenía varias..., pero tenía una que se llamaba Natalia, con la que discutía estas cuestiones.

–¿Tú sabes lo del dividendo y lo del divisor?

–¿Cuál?

–No, que si sabes lo del dividendo y lo del divisor.

Natalia me miraba incrédula. Yo creo que aquel asunto no le interesaba absolutamente nada.

–¿Vamos a mi casa?

–Bueno –e íbamos.

Su casa estaba muy cerca de la mía y no se parecía en nada. Era muy grande, y todos los muebles eran oscuros y antiguos y aparatosos.

–¡Jo!, vaya armario...

A Natalia, como lo conocía desde pequeña, no le llamaba la atención.

–¿Qué le pasa?

–Pues que es grandísimo.

–¿Grandísimo...? ¡Qué va! Tenías que ver el del cuarto de mis padres. Ese sí que es grande. Bueno, ¿jugamos a algo?

Natalia tenía muchísimos juguetes y muñecas.

–Esta es mi preferida. Antes era esa otra, pero ahora es esta. Se llama Lucrecia, pero yo la llamo Lucre. Tiene un montón de vestidos, y algunos se los ha hecho la costurera. ¿En tu casa hay costurera? –y luego, cuando estábamos enfrascadísimas con lo de las muñecas, se abrió la puerta y asomó la cabeza una señora muy peripuesta.

–¡Tía Natalia!

Natalia se levantó corriendo y fue a darle un beso mientras por detrás asomaba la cabeza de su madre.

–¿Y quién es esta amiga tuya? ¡Qué guapa...! Ven, dame un beso –y yo, obedientemente, fui y se lo di.

La señora era medio joven y bastante guapa. Además iba muy bien vestida, y olía también muy bien, bastante fuerte pero bien. Debía de usar algún perfume de esos caros, de los que le gustaban a mi madre. Estuvieron allí un rato y la tía nos dijo,

–¿Me vais a acompañar el día de la manifestación? –y Natalia contestó,

–¡Pues claro! ¿Tú quieres venir? –y yo, que no tenía ni idea de qué era aquello de la manifestación, por no parecer grosera dije,

–Bueno –y la señora se deshizo.

–¡Qué simpática! Bueno, pues ya hablaremos –y se fueron y allí quedó la cosa.

A los pocos días, Natalia, a la salida de clase, me dijo,

–Oye, ¿te quieres venir a casa a probar? –y yo contesté,

–¿A probar qué?

–Pues el uniforme.

–¿El uniforme? ¿Qué uniforme? –y Natalia me puso en antecedentes.

–Es que a la manifestación hay que ir de uniforme, todos vamos de uniforme. Además es muy bonito, ya lo verás, tiene una gorra roja.

–¿Una gorra roja?, ¿sí? –y allá fuimos.

Subimos a su casa y su madre nos dijo,

–¡Ah!, ¿ya estáis aquí? A ver, Natalia, enséñale a Nastasia su uniforme y os lo ponéis, que os quiero ver, ¿vale?

–Vale.

Total, que fuimos a su cuarto y nos los pusimos. El uniforme era azul marino. Era una falda como de palas y un jersey normal. También tenía medias del mismo color, pero esas no nos las pusimos, y la gorra roja era una especie de boina que tenía bordadas con hilo amarillo dos letras: efe y ene.

–Y esto, ¿qué significa?

–Ni idea.

–Bueno, da igual.

Salimos, y su madre nos pasó revista.

–¡Hijas mías!, ¡pero qué bien os queda...! A ver, Nastasia, date la vuelta... ¡Pero, hija, si parece que te lo han hecho a medida! –y con aquello hasta a mí me convenció.

Me quedé muy ufana y orgullosa y no me lo quise quitar, y la gorra menos, hasta que me fui, por la noche, cuando volví a casa.

La manifestación era un sábado por la tarde. Yo salí de casa y no dije nada. A mi padre por supuesto, pero tampoco se lo dije a mi madre, no sé por qué. A mí me daba la impresión de que estaba haciendo algo prohibido, de forma que no dije una palabra.

–Oye, que me voy a casa de Natalia.

–Bueno, hija. Si no estoy cuando vuelvas, vete a buscarme al bar.

–Vale –y me fui.

En casa de Natalia nos disfrazamos entre risitas histéricas y nos estuvimos mirando en el espejo. Yo me ponía la boina ladeada, que me quedaba mejor, pero su madre dijo que no era así.

–No, mujer, póntela bien que tenéis que ir muy guapas, ya verás. Ahora vendrá la tía Natalia, que os va a llevar –y, en efecto, al cabo de un rato llegó su tía, que no iba de uniforme sino de normal, de calle, y nos dijo,

–Muy bien, estáis muy bien. Ahora vamos a buscar a los otros chicos, y cuando acabemos nos vamos a merendar. ¿Queréis ir luego a merendar conmigo? –y Natalia dijo,

–¡Huy, sí, claro! –así que nos fuimos con ella a donde se celebraba la manifestación, que era allí al lado, unas manzanas más allá.

Todo el mundo nos miraba, pero es que pocas veces se ve a dos niñas de uniforme raro. Imagino que pensarían que éramos de algún colegio, no sé, y en seguida llegamos y resultó que había muchos niños más, todos vestidos igual que nosotras. Entonces, un señor bastante raro, uno calvo, con camisa azul marino como las nuestras, bigotito y gafas negras, nos hizo formar, como los soldados de las películas, y nos dijo que íbamos a ir a un sitio que no entendí, nos hicieron ir a todos en fila por la acera otras dos manzanas hasta el sitio que ellos decían. Los mayores iban como desfilando, medio haciendo el tonto pero como si desfilaran, y nosotras los imitábamos muertas de risa, y así llegamos a una calle bastante ancha en donde, al parecer, tenía lugar aquello. Era enfrente de un bar que se llamaba no sé qué 47. A mí eso de los nombres nunca se me ha dado bien, y además aquel sólo lo vi una vez, pero de los números sí que me suelo acordar. ¿Cómo no me voy a acordar del 47? Es facilísimo. Bueno, pues estábamos allí, en una calle ancha que estaba cerca de casa, todo lleno de coches y autobuses y gente, porque era la hora en que todo el mundo sale a la calle, cuando algunos de los mayores que iban con nosotros se pusieron a gritar. Sacaron unos altavoces muy raros, unos aparatos con forma de altavoz y que se agarraban con la mano, y se pusieron a dar voces. Qué decían, no lo sé, no se entendía nada; desde donde nosotras estábamos sólo se oía un ruido muy raro y las palabras no se entendían. Era como una letanía, y algunos de los niños contestaban. Debía de ser que ellos sabían lo que había que contestar, pero a nosotras no nos lo habían dicho y nos limitamos a mirar, y en esto estábamos, en lo de la letanía, cuando aparecieron algunas furgonetas de la policía que aparcaron por allí cerca, unas a la derecha y otras a la izquierda, y de ellas se bajaron muchos guardias que se colocaron en fila en la acera de enfrente a la que ocupábamos nosotros. Se pusieron todos allí y nos miraban, pero no hacían nada. Los guardias eran los de siempre, los que veías por la calle. Iban vestidos con unos abrigones grises muy grandes y aparatosos que no sé cómo les dejaban moverse, y desde que llegaron se redoblaron los gritos que daban los que estaban con nosotros. Gritaba todo el mundo, hasta la tía de Natalia, que estaba allí detrás. Bueno, más que gritar, resulta que se transfiguró. De la que yo vi el primer día en su casa no quedaba nada, seguro que ya ni olía bien. Se puso hecha un basilisco, toda colorada, encendida; yo creo que se puso hasta cardíaca. Gritaba a voz en cuello, aunque no sé qué decía porque tampoco se la entendía, pero una vez, en lo más alto de su exaltación, sí le entendí una cosa, ¡policía comunista!, y luego lo decían todos, ¡policía comunista!, ¡policía comunista!, y los guardias de enfrente nos miraban con no muy buena cara. Estaban tranquilos y no se movían, pero estaban allí enfrente, todos tiesos y con las manos atrás...

Nosotras nos encontrábamos bastante asustadas, yo desde luego, y Natalia por un estilo, pero algunos niños de los que había alrededor hacían bromas.

–No, si no pasa nada.

–Sí, tú fíate de la Virgen y no corras.

–¿Has visto lo que dice este?

–¿Qué dice?

–No sé. A ver, dilo otra vez.

–Pues que te fíes de la Virgen y no corras.

–¡Jo!, ¿y eso qué es?

–Pues no sé, pero lo dice mi padre.

–¡Jo...! –y de repente se oyeron sonar unos pitos, ¡pi pi piiiii...!

Miramos y vimos que un grupo de guardias con las porras levantadas venían a todo correr hacia nosotros, y allí se organizó la desbandada.

Todo el mundo salió corriendo hacia donde pudo, unos hacia arriba y otros hacia abajo. Yo agarré de la mano a Natalia y le dije,

–Venga, corre, vámonos –pero Natalia se había quedado paralizada.

Ni me oía ni me escuchaba, se había quedado de pie con la boca abierta y parecía que estaba alelada, así que como los guardias estaban ya muy cerca, y a los que estaban en el extremo, que eran mayores, les estaban dando palos, no lo pensé más y salí pitando hacia donde parecía que había menos gente. Guardias había por todas partes, pero yo hice unos cuantos regates y no me tocó nadie, aunque era difícil salir de aquel tumulto. Todo estaba lleno de gente que se caía y se levantaba, sobre todo los mayores. Yo no sé cómo los guardias podían pegar a todos aquellos viejos, pero el caso era que lo hacían, les pegaban unos porrazos que no veas. ¿Serían comunistas de verdad? Vaya usted a saber, y en mitad de la refriega me encontré al lado de un guardia con la porra en la mano. Yo le miré como con miedo y sin saber qué hacer, pero él se dio la vuelta y se fue corriendo a pegar a otros. Yo también me di la vuelta para salir huyendo, pero había tanta gente que me tropecé con alguien y me caí al suelo. Me hice bastante daño en una rodilla, o sea, me hice hasta sangre, aunque de eso no me di cuenta sino cuando llegué a casa. De lo que sí me di cuenta fue de que allí, en el suelo, ante mí, había una cartera de cuero de las que se llevan en el bolsillo, que seguro que con todo el lío se le había caído a alguien. Era una cartera muy lujosa, muy buena, y tenía grabados unos dibujos que parecían un montón de flechas. Yo la vi y pensé, ¡ahí va!, ¡una cartera! La cogí, me levanté y eché a correr otra vez, esta vez hacia arriba, porque los guardias se iban en sentido contrario persiguiendo a otros grupos, pero como yo corría muchísimo, y más en aquellas circunstancias, en seguida estuve fuera de su alcance y me metí por la primera bocacalle que pude, luego por otra..., y al cabo de un momento resultó que estaba sola.

Iba a toda velocidad por una calle en la que ya había poca gente. Las personas me miraban al pasar y se apartaban, pero allí ya no había guardias ni nada. Yo iba con la cartera en la mano, y cuando me di cuenta de que nadie me perseguía paré un poco, miré a mi alrededor y volví a casa dando un rodeo. Durante todo el trayecto no vi a nadie que fuera vestido como yo, ni guardias, así que con el susto en el cuerpo, mirando sin parar por las cercanías, sobre todo desde las esquinas, por si acaso, y apretando la cartera todo lo que pude, llegué al portal, subí la escalera como un meteoro, entré y cerré de un portazo.

Una vez dentro respiré y entré en mi cuarto. En casa no había nadie porque mis padres estaban trabajando, así que lo primero que hice fue cambiarme de ropa. Me despojé de aquel uniforme, que se había ensuciado bastante, y me vestí como siempre, y al hacerlo vi que tenía sangre en una rodilla, pero me la lavé un poco y se me quitó en seguida. Luego fui a mi cuarto, cogí la cartera y la abrí. Dentro había billetes, había mucho dinero, y papeles, pero los papeles no quise ni mirarlos. Saqué el dinero y lo conté. Allí había más de dos mil pesetas, lo que me pareció un capital, claro, porque para mí era muchísimo, pero ni se me ocurrió devolverlo; después de lo que había sucedido yo no pensaba volver a ver a ninguno de aquellos. A Natalia ya la encontraría en el colegio, pero eso me daba igual, de forma que lo escondí en el armario debajo de todos los jerséis. Estuve un rato dando vueltas por casa para que no se me notara lo que había sucedido, me peiné y me fui a buscar a mi madre al bar. Me daba un poco de miedo salir a la calle, pero como ya no llevaba el uniforme pensé que no importaba, y al salir del portal miré hacia los lados, pero allí no ocurría nada. La gente era la misma de siempre y todo parecía estar en calma, así que tiré la cartera en una papelera, hasta con los papeles, y salí corriendo; yo creo que no me vio nadie.

Este es uno de los capítulos de un libro que se puede ver AQUÍ, y AQUÍ se pueden ver otras cosas. 

martes, 27 de marzo de 2018

Un libro sin dibujos y sin diálogos..., ¿para qué sirve?


Como tengo muchísimos, he puesto un libro nuevo en Amazon. Es la historia de una chica que se llama Anastasia, a la que seguramente por abreviar, aunque tampoco sea abreviar mucho, todo el mundo llama Nastasia.


Es una novela, pero está hecha de retazos cortos (de dos o tres páginas), tales como Yo nací con los Bitels, Mi madre y mi vida, Cuando fui concebida, Primeras aventuras, El pueblo y el mundo, Viaje en tren... (etc., etc.), que parece que es una forma de desarrollar las narraciones que a la gente ahora le gusta.
(Esto, yo creo, se debe a la vagancia del público lector, que piensa más o menos lo mismo que la protagonista de Alicia en el país de las maravillas, la cual, en el prefacio, dice:
–Un libro sin dibujos y sin diálogos..., ¿para qué sirve?)
En el libro se relatan los primeros veinte años de la existencia de esta chavala, durante los que le dio tiempo a crecer, a estudiar, a correr delante de los guardias en las manifestaciones, a acercarse sola hasta Valencia en una lambretta porque nunca había visto el mar, a trabajar en un bar de copas, a conocer al Rockero (personaje importante), a organizar su propio negocio (que recibió un nombre célebre: la guerra de las galaxias), y, en fin, a mil cosas más que ahí se detallan. Y al final, ¿qué sucede? ¡Ah!, eso lo descubrirá el que lo lea.
O dicho de otra manera:
Nastasia nació con los Bitels, desde luego, y emigró a la capital de la nación en busca del país de la Bella Durmiente, lo que era de rigor en los tiempos que decimos. Acompañada por su oso Sososo, su madre y su tía Conchita –mentora y consejera de su vida al completo–, conoció en la gran ciudad al hacedor de sus días, que sin conseguirlo intentó llevarla por la senda de la amargura, aunque asimismo al Rockero, el Rockero solitario, también llamado Monticola solitarius, fundador de aquel célebre bar de copas, la «Casa de cabras», y  trasunto del homónimo pájaro de acantilado que pasa su vida en la más estricta soledad, muestra acerados colores y posee un pico de oro como no se ha visto igual...
Nastasia, sí, hay que decirlo, fue afortunada, a pesar de su temprana y trágica desaparición, pero mientras esta llegó, recorrió los primeros veinte años de su vida dedicada a los menesteres que son propios a los años de la juventud, aquello de la Caravana de la Estrella Polar o lo no menos famoso de la Guerra de las Galaxias...
Ahora sólo queda por aclarar quiénes son los personajes. Yo soy Nastasia, todos somos Nastasia, ¿o debería decir, Nastasia somos todos?

Semejante libro (casi 300 páginas) puede verse aquí:

De paso, también podéis ver esto otro:

lunes, 19 de marzo de 2018

Ahora GRATIS


Hola: por si lo quieres descargar (ya sabes que sólo lo digo cuando están gratis), desde el lunes 19 de marzo, día del padre, san José y etc., hasta el viernes 23 (así también se puede celebrar la llegada de la primavera), estará a tu disposición esto:

https://www.amazon.es/dp/B079TBP55B

Novela ambientada en la España de los Austrias, aquel abigarrado mundo de pícaros y descubridores, de señores y criados, de ovalados carros de seis ruedas, puertos de mar  y palacios de piedra rodeados de palmeras. Es el sur, donde abundan el vino y los perniles, las riberas del océano Atlántico.
Juan Rui de Velasco, antes llamado Abenasar, es un personaje de 1600. Traficante, contrabandista, músico, fabricante de salmueras, coleccionista de arte..., sus actividades se extienden por las orillas de ambas Indias, las orientales y las occidentales. Con el apoyo de personajes con influencia, y asistido por sus socios, entra en el negocio de los transportes terrestres, que entonces comenzaban de la mano de una familia judía favorecida por el rey, los Taxis, y de esta forma, para reconocer el terreno, se embarca en un viaje que le lleva a recorrer la península ibérica de sur a norte: es el viaje del morisco.
Juan Rui de Velasco tomó largas notas durante su viaje, y dejó escrito:
–Gótica Tierra de Campos, enorme y casi desértica extensión de la que anteriores y muy vagas noticias tenía, ahora te conozco, cuando nos acoges entre tus serpenteantes choperas y riachuelos, tus innumerables y escondidas aldeas y tus mil y mil colinas..., que complacido nos has y nuestras gratitudes nunca serán suficientes...
... y tras este preámbulo narraré el principal episodio, espiritual y recóndito suceso, que aconteció durante los días que digo.

En la amurallada población de Astudillo, mediado el mes de julio del año del Señor de MDCI.
Es de noche, y en las profundidades de una posada polvorienta, a la luz de un candil de aceite perfumado enarbolo la pluma y anoto lo que sigue:

En esta tierra de mieses y nubes blancas, en la que un claro tiempo nos acompaña, he descubierto el secreto mejor guardado.

...

De manera paralela, aunque en el siglo XXI, varios personajes de fábula que tienen el castellano de idioma común, van a alumbrar las huellas de aquel viaje, tan lejano en el tiempo..., lo cual tiene lugar en diversos escenarios, tales como la Puebla de los Mártires, la campestre Ucrania, la ciudad de Londres o el estrecho de Mesina.

El enlace para verlo o descargarlo es este:

Sin otro particular, atte.

PS: Se agradecerán los comentarios u opiniones puestos en la página del libro; lo digo como siempre, aunque ya sé que es predicar en el desierto.

martes, 20 de febrero de 2018

El viaje del morisco



He puesto un nuevo libro en Amazon, una novela ambientada durante el siglo XVII y el actual. Gira alrededor del establecimiento de los correos regulares, que por entonces (1601) comenzaban a tomar forma. También sobre una chica, claro –eso que no falte–, y sobre unos valiosos objetos de los que no se habla más que en clave; hay que leer entre líneas. Como se dice ahí, el secreto mejor guardado no se destripará hasta nuestros días.

La sinopsis podría ser esta:



Novela ambientada en la España de los Austrias, aquel abigarrado mundo de pícaros y descubridores, de señores y criados, de ovalados carros de seis ruedas, puertos de mar  y palacios de piedra rodeados de palmeras. Es el sur, donde abundan el vino y los perniles, las riberas del océano Atlántico.

Juan Rui de Velasco, antes llamado Abenasar, es un personaje de 1600. Traficante, contrabandista, músico, fabricante de salmueras, coleccionista de arte..., sus actividades se extienden por las orillas de ambas Indias, las orientales y las occidentales. Con el apoyo de personajes con influencia, y asistido por sus socios, entra en el negocio de los transportes terrestres, que entonces comenzaban de la mano de una familia judía favorecida por el rey, los Taxis, y de esta forma, para reconocer el terreno, se embarca en un viaje que le lleva a recorrer la península ibérica de sur a norte: es el viaje del morisco.

Juan Rui de Velasco tomó largas notas durante su viaje, y dejó escrito:



   –Gótica Tierra de Campos, enorme y casi desértica extensión de la que anteriores y muy vagas noticias tenía, ahora te conozco, cuando nos acoges entre tus serpenteantes choperas y riachuelos, tus innumerables y escondidas aldeas y tus mil y mil colinas..., que complacido nos has y nuestras gratitudes nunca serán suficientes...

   ... y tras este preámbulo narraré el principal episodio, espiritual y recóndito suceso, que aconteció durante los días que digo.



En la amurallada población de Astudillo, mediado el mes de julio del año del Señor de MDCI.

Es de noche, y en las profundidades de una posada polvorienta, a la luz de un candil de aceite perfumado enarbolo la pluma y anoto lo que sigue:



    En esta tierra de mieses y nubes blancas, en la que un claro tiempo nos acompaña, he descubierto el secreto mejor guardado.



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De manera paralela, aunque en el siglo XXI, varios personajes de fábula que tienen el castellano de idioma común, van a alumbrar las huellas de aquel viaje, tan lejano en el tiempo..., lo cual tiene lugar en diversos escenarios, tales como la Puebla de los Mártires, la campestre Ucrania, la ciudad de Londres o el estrecho de Mesina.



El enlace para verlo es este:




De paso, también podéis ver esto otro:

viernes, 2 de febrero de 2018

Una novela es un discurso



Recursos para escritores

Una novela, una narración de hechos (a veces incluso de carácter fantástico), no es en el fondo más que un discurso de alguien que quiere contarnos lo que se conoce como una aventura (o una batalla para los redichos).

Esta aventura tiene que tener un desarrollo lógico, tanto en el tiempo como en el espacio, so pena de que el lector se pierda y lo aparte hastiado, y de ello se deduce que todas las novelas tienen una estructura, un esqueleto, una relación de las partes o capítulos que se suele conocer como índice.

Por lo tanto, tan novela es La isla del tesoro (Stevenson) como Desciende, Moisés (Faulkner), Las novelas de Torquemada (de Galdós, en la que el título lo indica expresamente) o Cristo versus Arizona de Cela, por más que sean muy diferentes.

Otra de las características de las novelas es que siempre existe un narrador. Si se escribe en tercera persona, este narrador es alguien, ajeno a los personajes, que lo cuenta. Si se escribe en primera, qué decir...; ni siquiera es ajeno a los protagonistas, sino el protagonista principal, y si se escribe en segunda... a lo mejor resulta que el narrador se está mirando en un espejo y habla consigo mismo: tú siempre has dicho que...

En todo caso es un discurso de alguien que se empeña en contarnos un hecho o sucesión de ellos en forma discursiva.

En vez de seguir con esto, voy a poner el ejemplo de un personaje que larga (es decir, habla incesantemente), o desgrana un discurso inacabable. Dice así:



[...]

... encontrándome tan acorde con la placidez del momento y lo que me rodeaba, comencé una perorata que me iba a llevar lejos, muy lejos...

–Puesto que se empeña en experimentar conmigo, mientras llegan los convidados le corresponderé con una historia. Es una historia extraña, pero no importa, pues supongo que usted, tan aficionado a lo irregular, la apreciará.

Hice una pausa y dije,

–Yo viajé en el convoy de Indias, sí, y en tiempos muy remotos visité los harenes de los heresiarcas musulmanes que enviaban esclavos a América desde el golfo de Guinea. Allí tuve amores con la negra Esmeralda, muchacha de pocos años de la que llegué a enamorarme, aunque ella prefería a los eunucos... Sin embargo, no se lo reprocho, pues mi fogosidad era propia de la incontenible juventud, y ya sabe usted lo que sucede en tales casos.

El notario me miraba divertido, y yo continué.

–En tierras cercanas al Matto Grosso, por el precio de un inigualable rubí compré una niña que no me quería, y cuando me llegó la edad de la cordura, en vez de enamorarme de mi mujer, como hubiera sido de rigor, lo hice de mi cuñada, Inés, la experta violinista que me instruyó en las virtudes y beneficios de las olas del mar. Luego huí de ellas en pos de la revolución, porque nada es para siempre, y encontré a Isabelle, campesina en París y anónima mártir del progreso. Más tarde a mi mujer inglesa, la divina Alessandra, que me dio dos hijas rubias y con los ojos tan azules que parecían violetas... Sí, eran muy parecidas a mi señora la marquesa, la marquesa de los ojos violetas, a quien en buena hora conocí en su mansión dieciochesca de la plaza fuerte de Ciudad Rodrigo, que usted sabrá dónde está... También podría hablar de Dolores, india pueblo con sangre de extremeño en sus venas, y de Doloritas, que me enseñó a tejer cestos; de la farera del fin del mundo, que llegó cargando con un piano desde su ciudad barroca del imperio austrohúngaro, o de mis amigas oceánicas, Alción y Merope, componentes de las celestes Pléyades, como todos sabemos..., y hasta del aya, que dio su vida por mí, aunque eso sea remontarse a la prehistoria.

Luego, bajo el sol de la tarde, me quedé pensando.

–¿Por qué me habré acordado de las mujeres...?, porque mi vida no se circunscribe a ellas, sino que se extiende por la superficie entera de los continentes, todos los cuales visité..., y lo que he nombrado tampoco es lo más antiguo de lo que podría hablar, pues a mi cabeza vienen las luces de las mil velas que iluminaron las calles por la que discurrió el cortejo que me llevó a la catedral a sacramentar..., hace muchísimo tiempo de eso, y el sistema métrico decimal, que me tocó transportar a tierras de seres atrasados, y la jara de la sierra de la Peña de Francia, cuya resina sirve para fabricar los perfumes ambarinos que mi madre quemaba en las estufas de nuestra casa de la vega del Águeda. ¡Y el niño salvaje también, Silvestre, y el prior del convento de Úbeda!, personajes importantes en mi vida..., y Mendoza, que me llevó a conocer al mensajero de los Dioses y me enseñó a encender fuego con hielo... Podría hablar de tantas cosas que le aburriría, pero no es esta mi intención, así que sólo le mencionaré el final, como fue mi estancia en el océano Índico en persecución de las mil y mil especies de aves que en este planeta existen, la explosión del Krakatoa, la larga y fructífera época de robinsón y el milagroso salvamento por un barco inglés que contra todo pronóstico me ha devuelto a Europa...

Hice una larga pausa, y al final añadí,

–Qué..., ¿qué me dice usted de esto? Algún día escribiré esta historia, pero no sé cuándo llegará el momento –y el notario, suspenso ante la retahíla, soltó la carcajada y se quedó mirándome de hito en hito.

–¿Sabe que es usted un enorme fabulista...? No conocía esa faceta de su carácter, pero podría ganarse la vida con ello, pues lo cuenta como si lo hubiera vivido –e hizo girar en el aire la contera de su bastón, que nunca abandonaba, y luego, tras una comedida pausa, me miró serio y dijo–. Pero ahora, compórtese, que me parece escuchar la llegada de los invitados.

... como así en efecto sucedió, viéndonos de inmediato rodeados de señoras lujosamente vestidas acompañadas por maridos, hijas e hijos, pues también les acompañaba algún petimetre, que introdujeron en la soleada estancia los criados.

[...]



(Lo anterior pertenece a uno de mis libros, el que se llama Perpétuum móbile.)



Y por hoy lo dejo. El que quiera saber más, que mire en ESTE SITIO

martes, 16 de enero de 2018

Camilo José Cela, el mejor escritor español de la segunda mitad del siglo XX



Esta es una semblanza (brevísima) de la vida de Camilo José Cela, el mejor literato español de la segunda mitad del siglo XX.

Nació en Iria Flavia, pueblo cercano a La Coruña, en 1916, y murió en Madrid en 2002.

Durante su juventud vivió en Galicia y en Madrid, y ya en ella se significó por lo iconoclasta: le expulsaron de dos colegios de curas. También sufrió una tuberculosis a los quince años (enfermedad para la que entonces no existía cura), por lo que pasó un año en un sanatorio de la sierra de Guadarrama.

Cuando comienza la Guerra civil (julio de 1936) tenía veinte años. Vivía en Madrid, en donde estudiaba, y consiguió escaparse de esta ciudad para alistarse en el bando franquista. De esta etapa guerrera no se sabe casi nada, excepto que fue herido, aunque no debió de ser de mucha consideración.

Al acabar la guerra comienza a escribir. Su primera novela es La familia de Pascual Duarte, curiosa por ser su ópera prima, aunque el valor literario es escaso. Con posterioridad él dijo de ella: «Empecé a sumar acción sobre acción y sangre sobre sangre, y aquello me quedó como un petardo», y es verdad que visto desde hoy, resulta bastante tremenda y comercial. Fue publicada en 1942, es decir, cuando tenía veintiséis años.

Malvive (vamos a decirlo así) en Madrid durante los primeros años de la posguerra, y de esta época datan sus siguientes narraciones: Pabellón de reposo (1943) y Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes (1944). Durante estos años escribe varias colecciones de cuentos (algunos geniales) y los primeros libros de viajes: Viaje a la Alcarria (1948), Ávila (1952) y Del Miño al Bidasoa. Notas de un vagabundaje (1952).

La obra que le hace famoso es su siguiente novela, La colmena, publicada en 1951 en Argentina, puesto que aquí no pasó la censura franquista. Otras obras de esta época son Mrs. Caldwell habla con su hijo (1953) y La catira (1955), dos novelas que quien esto escribe cree que tienen mucho interés.

En 1954 se va a vivir a Mallorca, lugar en el que residirá 35 años, y en 1957 es elegido miembro de la Real Academia Española. En Mallorca continúa con su obra literaria, pero también pone en marcha otros proyectos, como la revista Papeles de Son Armadans o la editorial Alfaguara, aparte de escribir nuevos libros de viajes (viajes que llevaba a cabo caminando y con la mochila al hombro), como son Vagabundo por Castilla (1955), Judíos, moros y cristianos. Notas de un vagabundaje por Ávila, Segovia y sus tierras (1956) y Primer viaje andaluz. Notas de un vagabundaje por Jaén, Córdoba, Sevilla, Huelva y sus tierras (1959).

Es entonces cuando entra en la etapa más interesante de su obra, con libros tan monumentales como Tobogán de hambrientos (1962), San Camilo, 1936 (1969), Oficio de tinieblas 5 (1973), Mazurca para dos muertos (1983), y la sin par Cristo versus Arizona (1988), casi treinta años de buen hacer literario. Obsérvese que entre ellos hay grandes lapsos temporales, es decir, que este señor no era de los que publicaba una novela al año, lo cual se explica, entre otros motivos, por su abundante labor periodística (por ejemplo: durante muchos años escribió una columna diaria en ABC).

En 1987 le dan el premio Príncipe de Asturias de las Letras; en 1989 el Nobel de Literatura, y en 1995 el Premio Cervantes.

Hay una última etapa literaria en su vida, con títulos como La cruz de San Andrés (refrito de cosas anteriores que sin duda tenía aparcadas por si surgía la ocasión, y por el que le dieron el Premio Planeta, nada menos, pero ya se sabe que este premio...), o Madera de boj, obra ya muy crepuscular, aunque de buena factura.

Esta es, a grandes rasgos, la vida del más interesante escritor de la segunda mitad del siglo XX español, digno sucesor de don Pío (Pío Baroja), que podría ostentar idéntico título para la primera mitad. Tal para cual.

Y ahora, ¿cómo es esta obra literaria, que sin llegar a ser monumental por el tamaño, lo es por la calidad? Quien esto escribe se declara incondicional del autor, así que sólo daré unos datos:

Don Camilo (como Galdós, por ejemplo, del que era gran admirador) siempre acertaba con la palabra exacta, que es una habilidad muy poco común. Era un maniático del lenguaje y las buenas formas gramaticales, y nada amigo de cursiladas o las pasajeras e ingenuas modas (de las que se reía) que caracterizan la vida actual, y la de su tiempo también; antes bien, inventaba nuevas formas de expresión, y cada novela de su época magna es diferente por completo de la anterior. Su literatura estuvo influida por los grandes escritores castellanos, Quevedo, Cervantes, Galdós, Baroja..., aunque también por los narradores norteamericanos de su época, como Faulkner o Dos Passos. El arte de este señor es muy español, o totalmente español, en esa línea que podríamos llamar arte tremebundo (él lo llamaba carpetovetónico), buenos ejemplos de los cuales son los Caprichos de Goya o las películas de Buñuel.

En general, casi todos sus libros son buenos (algunos geniales). Destacan las novelas, las recopilaciones de cuentos (hay que leer Claudius, profesor de idiomas, Culpemos a la primavera o Memorias del cabrito Smith, chivo insurrecto, para hacerse idea de lo que es un cuento), y los libros de viajes, en especial Viaje a la Alcarria y Judíos, moros y cristianos. Las recopilaciones de artículos periodísticos, en mi opinión, son más aburridas, pero estas son cosas que hacen las editoriales y con las que él probablemente no estaba de acuerdo, excepto en la parte crematística.

Durante toda su vida fue un viva la virgen, que es uno de los más interesantes oficios que aquí abajo se pueden desempeñar. En lo que concernía a su persona, manejó con arte las relaciones públicas, habilidad que le reportó gran popularidad (al margen de sus libros), por lo que sin meterse en honduras de marujeos diversos fue un personaje muy conocido (y reconocido por el gran público). A esto contribuyó sin duda el no haberse querido nunca sumar (al menos de forma pública) a esas asociaciones que, como partidos políticos y demás, han proliferado en nuestra sociedad; lo mismo podría decirse de modernas tendencias como la progresía, el feminismo o la homosexualidad, por cuyos principios filosóficos nunca tuvo mucha simpatía. En cambio, siempre estuvo al lado de la gente de a pie, y esta se lo agradeció.

En definitiva, fue un cachondo carpetovetónico que hizo lo que le dio la gana, disfrutó la vida (por lo menos, eso parece desprenderse de sus escritos) y nos dejó un legado muy importante. ¿Qué más se puede pedir? Y como final y a modo de ejemplo de su manera de hacer, ¿quieren leer ustedes un párrafo de uno de sus libros? Es muy corto, trescientas palabras, pero vale la pena hacerlo. Está en San Camilo, 1936 y dice así:



Don Roque lleva a las dos criadas de la fonda a la novillada que se celebra en honor de los aviadores Arnáiz y Calvo, don Roque es muy galante con las damas, un poco sobón pero muy galante, tenéis que poneros las dos muy guapas, a los toros no se puede ir de trapillo, descuide don Roque ya verá como no tiene que avergonzarse de nosotras, eso espero, eso espero..., el programa de la novillada no es muy brillante –los aviadores Arnáiz y Calvo se hubieran merecido algo mejor– pero no hay otro, José Neila, Pedro Ramírez y Pedro Barrera, con ganado del señor González Camino, después se desecharon dos reses que fueron substituidas por otras dos de don Juan Terrones pero una resultó una chiva y fue devuelta al corral, se reemplazó por un buey de don Gabriel González que fue fogueado, ¡todo un saldo!, los aviadores Arnáiz y Calvo y el respetable se merecían otra cosa, don Roque se sentó con la Paulina a un lado y la Javiera al otro, la Paulina es más complaciente pero la Javiera es más guapa y vistosa, la Paulina es más calentona pero la Javiera tampoco hace remilgos, la Paulina es celosa y la Javiera en cambio lo que quiere es merendar y que la lleven a los toros, Pedro Ramírez Torerito de Triana cortó una oreja a su segundo, los otros dos espadas no pasaron de voluntariosos, cuando Torerito de Triana saludó desde los medios don Roque le preguntó a la Paulina, ¿te lo tirabas?, ¡calle usted don Roque, qué cosas tiene!, bueno, ya sé que sí, don Roque se volvió a la Javiera, ¿y tú?, ¿yo qué?, que si te lo tirabas, ¡Jesús, qué ocurrencia!



Eso es escribir, y no lo que se estila ahora.



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Al margen de lo anterior, en 2011 compuse una especie de estudio de esta novela (San Camilo, 1936) pasando lista y haciendo una recopilación de sus múltiples personajes (son más de doscientos) y de la manera en que está escrita, que es algo parecido a un puzzle. Esto se puede ver en internet, y descargarlo en pdf (por si alguien tiene curiosidad), en esta dirección:






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Y hasta aquí llegó la broma, que con esto es suficiente. El que quiera saber más, que mire en ESTE SITIO.