Mostrando entradas con la etiqueta alubias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alubias. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de mayo de 2016

Alubias en plan tradicional



Cocina española fácil, sana y saludable


Esto es una fabada monumental, pero lo que aquí se cuenta es igual en todo

Para cuatro personas: 400 g de alubias que se ponen una noche a remojo con un pelín de bicarbonato; 200 g de chorizo (mitad de peso que las alubias, o menos); cebolla picada (200 g); un trozo de puerro; un par de ajos picados; una punta de pimentón; un chorro de aceite, poco.

1 - Las alubias se ponen a remojo durante una noche con bicarbonato.

2 - Se ponen a cocer, y cuando hierven se espuman. Conviene asustarlas, es decir, añadir un par de vasitos de agua para parar la cocción. Una vez espumadas se añaden la cebolla, el puerro y el ajo más o menos picados, el chorizo, el pimentón y el aceite, y se deja que se hagan a fuego lento y tapadas durante el tiempo que necesiten hasta quedar perfectamente suaves. Cuando les quede media hora se puede añadir un poco de patata en un trozo. Al acabar se añade una cucharada de salsa de tomate y un poco de sal, y se mueve la cazuela cogiéndola por las asas para que aquello se asiente (no conviene revolverlas metiendo una cuchara porque se desintegran y quedan peor). Se dejan reposar el tiempo que se pueda (es mejor hacerlas de un día para otro), se recalientan con suavidad (para que no se agarren) y se comen.
Si las alubias son muy buenas, muy recientes, en una hora están hechas (en cazuela), y si no se dejan hasta que estén casi a punto de deshacerse, cosa de dos horas o dos y media.

3 - Con esto tan sencillo, y tan barato, comen cuatro unas alubias superiores, y si sobran no hay problema, pues dos días después, es decir, al día siguiente, suelen estar mejor.

------------------------------------------------------------

¿Quiere usted leer libros bien escritos de aventuras variadas y divertidas? Mire en estas direcciones:



viernes, 20 de mayo de 2016

Olla ferroviaria



La olla ferroviaria, en principio, es la que preparaban para su manduca los trabajadores que tendieron los ferrocarriles españoles durante la segunda mitad del siglo XIX. Una de estas líneas, la que discurre entre Alar del Rey y Reinosa –localidades limítrofes entre los dominios del obispado de Burgos y lo que en tiempo fueron las Asturias de Santillana–, se caracteriza por lo desapacible de su meteorología, por lo que es de imaginar que allí el rancho era sustancioso.
Preparar la comida sobre el terreno conlleva arreglarse con lo que se pueda encontrar, y ¿qué se puede encontrar en invierno en tal lugar, ventoso puerto de Pozazal, gélida comarca de Valderredible y los mil y mil páramos del norte de Castilla la Vieja? Berzas, cebollas, patatas, alubias, nabos, algo de caza –en especial, lobo...–, y pare usted de contar. Si vamos a remitirnos (en la escasa medida que las posibilidades del mundo moderno nos brinda) a lo auténtico, podríamos hacer algo parecido a lo que se va a contar.
Se prepara la carne con antelación. No encontraremos lobo, por supuesto, pero podemos arreglarnos con jabalí, venado, corzo, etc., animales todos ellos que figuran en los congeladores de las grandes superficies. (Hay que tener cuidado con lo que se adquiere, pues algunos de estos animales se crían en granjas a base de pienso, por lo que el resultado final puede saber a pollo).
Se hierve la carne durante uno o dos minutos y se desecha ese agua. En la olla rápida ponemos a freír mucha cebolla; doramos la carne, añadimos el agua necesaria (también algo de vino), cerramos y la mantenemos en ella durante una hora.
Aparte se cuece una berza picada acompañada de unos trozos de tocino rancio (y chorizo y morcilla, si se desea); como el tocino aporta mucha grasa, su presencia debe ser puramente testimonial.
En un tercer cacharro se ponen a cocer alubias remojadas y añadidas con un nabo entero y algunos ajos. Cuando las alubias parecen estar tiernas (entre una hora y media y dos horas) se agregan patatas en trozos y algo de la salsa que habrá en la olla en que se ha hecho la carne (procurando deshacerse de la grasa). Se deja que se hagan las patatas durante veinte o veinticinco minutos más.
A continuación se mezclan estas tres preparaciones, añadiendo al puchero de las alubias y patatas, que debe estar holgado y con bastante líquido, la berza necesaria y la carne –en trozos, aunque no va mal deshilachar con los dedos unos cuantos– con la salsa que el guiso precise; no es necesario indicar proporciones, pues su mejor o peor textura se advierte inequívocamente cuando se está haciendo la mezcla. A continuación se le da un último hervor para que los alimentos se integren. Sal, la de las cocineras.
Como todos los cocidos, unas horas de reposo (no digamos una noche) mejoran el potaje sustancialmente.
Hay que recordar que si se guisa la carne el día anterior, y se mantiene una noche en la nevera (en su caldo), a la mañana siguiente podremos retirar con facilidad el exceso de grasa sin variar un ápice el sabor o las propiedades alimenticias.
La olla ferroviaria auténtica debería hacerse de una sola vez, es decir, con fuego de carbón (el carbón de las locomotoras), en un solo cacharro y añadiendo los ingredientes conforme a sus particulares tiempos de cocción, pero me parece que el método descrito es más acorde para las cocinas modernas.