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viernes, 2 de febrero de 2018

Una novela es un discurso



Recursos para escritores

Una novela, una narración de hechos (a veces incluso de carácter fantástico), no es en el fondo más que un discurso de alguien que quiere contarnos lo que se conoce como una aventura (o una batalla para los redichos).

Esta aventura tiene que tener un desarrollo lógico, tanto en el tiempo como en el espacio, so pena de que el lector se pierda y lo aparte hastiado, y de ello se deduce que todas las novelas tienen una estructura, un esqueleto, una relación de las partes o capítulos que se suele conocer como índice.

Por lo tanto, tan novela es La isla del tesoro (Stevenson) como Desciende, Moisés (Faulkner), Las novelas de Torquemada (de Galdós, en la que el título lo indica expresamente) o Cristo versus Arizona de Cela, por más que sean muy diferentes.

Otra de las características de las novelas es que siempre existe un narrador. Si se escribe en tercera persona, este narrador es alguien, ajeno a los personajes, que lo cuenta. Si se escribe en primera, qué decir...; ni siquiera es ajeno a los protagonistas, sino el protagonista principal, y si se escribe en segunda... a lo mejor resulta que el narrador se está mirando en un espejo y habla consigo mismo: tú siempre has dicho que...

En todo caso es un discurso de alguien que se empeña en contarnos un hecho o sucesión de ellos en forma discursiva.

En vez de seguir con esto, voy a poner el ejemplo de un personaje que larga (es decir, habla incesantemente), o desgrana un discurso inacabable. Dice así:



[...]

... encontrándome tan acorde con la placidez del momento y lo que me rodeaba, comencé una perorata que me iba a llevar lejos, muy lejos...

–Puesto que se empeña en experimentar conmigo, mientras llegan los convidados le corresponderé con una historia. Es una historia extraña, pero no importa, pues supongo que usted, tan aficionado a lo irregular, la apreciará.

Hice una pausa y dije,

–Yo viajé en el convoy de Indias, sí, y en tiempos muy remotos visité los harenes de los heresiarcas musulmanes que enviaban esclavos a América desde el golfo de Guinea. Allí tuve amores con la negra Esmeralda, muchacha de pocos años de la que llegué a enamorarme, aunque ella prefería a los eunucos... Sin embargo, no se lo reprocho, pues mi fogosidad era propia de la incontenible juventud, y ya sabe usted lo que sucede en tales casos.

El notario me miraba divertido, y yo continué.

–En tierras cercanas al Matto Grosso, por el precio de un inigualable rubí compré una niña que no me quería, y cuando me llegó la edad de la cordura, en vez de enamorarme de mi mujer, como hubiera sido de rigor, lo hice de mi cuñada, Inés, la experta violinista que me instruyó en las virtudes y beneficios de las olas del mar. Luego huí de ellas en pos de la revolución, porque nada es para siempre, y encontré a Isabelle, campesina en París y anónima mártir del progreso. Más tarde a mi mujer inglesa, la divina Alessandra, que me dio dos hijas rubias y con los ojos tan azules que parecían violetas... Sí, eran muy parecidas a mi señora la marquesa, la marquesa de los ojos violetas, a quien en buena hora conocí en su mansión dieciochesca de la plaza fuerte de Ciudad Rodrigo, que usted sabrá dónde está... También podría hablar de Dolores, india pueblo con sangre de extremeño en sus venas, y de Doloritas, que me enseñó a tejer cestos; de la farera del fin del mundo, que llegó cargando con un piano desde su ciudad barroca del imperio austrohúngaro, o de mis amigas oceánicas, Alción y Merope, componentes de las celestes Pléyades, como todos sabemos..., y hasta del aya, que dio su vida por mí, aunque eso sea remontarse a la prehistoria.

Luego, bajo el sol de la tarde, me quedé pensando.

–¿Por qué me habré acordado de las mujeres...?, porque mi vida no se circunscribe a ellas, sino que se extiende por la superficie entera de los continentes, todos los cuales visité..., y lo que he nombrado tampoco es lo más antiguo de lo que podría hablar, pues a mi cabeza vienen las luces de las mil velas que iluminaron las calles por la que discurrió el cortejo que me llevó a la catedral a sacramentar..., hace muchísimo tiempo de eso, y el sistema métrico decimal, que me tocó transportar a tierras de seres atrasados, y la jara de la sierra de la Peña de Francia, cuya resina sirve para fabricar los perfumes ambarinos que mi madre quemaba en las estufas de nuestra casa de la vega del Águeda. ¡Y el niño salvaje también, Silvestre, y el prior del convento de Úbeda!, personajes importantes en mi vida..., y Mendoza, que me llevó a conocer al mensajero de los Dioses y me enseñó a encender fuego con hielo... Podría hablar de tantas cosas que le aburriría, pero no es esta mi intención, así que sólo le mencionaré el final, como fue mi estancia en el océano Índico en persecución de las mil y mil especies de aves que en este planeta existen, la explosión del Krakatoa, la larga y fructífera época de robinsón y el milagroso salvamento por un barco inglés que contra todo pronóstico me ha devuelto a Europa...

Hice una larga pausa, y al final añadí,

–Qué..., ¿qué me dice usted de esto? Algún día escribiré esta historia, pero no sé cuándo llegará el momento –y el notario, suspenso ante la retahíla, soltó la carcajada y se quedó mirándome de hito en hito.

–¿Sabe que es usted un enorme fabulista...? No conocía esa faceta de su carácter, pero podría ganarse la vida con ello, pues lo cuenta como si lo hubiera vivido –e hizo girar en el aire la contera de su bastón, que nunca abandonaba, y luego, tras una comedida pausa, me miró serio y dijo–. Pero ahora, compórtese, que me parece escuchar la llegada de los invitados.

... como así en efecto sucedió, viéndonos de inmediato rodeados de señoras lujosamente vestidas acompañadas por maridos, hijas e hijos, pues también les acompañaba algún petimetre, que introdujeron en la soleada estancia los criados.

[...]



(Lo anterior pertenece a uno de mis libros, el que se llama Perpétuum móbile.)



Y por hoy lo dejo. El que quiera saber más, que mire en ESTE SITIO

jueves, 16 de noviembre de 2017

Cómo hablan los personajes de los libros


Recursos para escritores



Cuando uno se pone a escribir debe adoptar identidades diversas, y por lo tanto meterse en la piel de los actores, puesto que los personajes deben hablar como lo que representan. Por ejemplo, los niños. Así que cabría preguntarse, ¿cómo hablan los niños?

Aquí debajo pongo unos ejemplos:


Niña de 6 años hablando de las letras
Los protagonistas de los cuentos tienen el cuerpo hecho de sopa de letras, sí, y no sólo los protagonistas, también los personajes secundarios, el leñador y la bruja del bosque y tantos otros; los animales de sus corrales y los lugares en que todo aquello sucede, los bosques y los paisajes y hasta el fondo del mar, todo está hecho de sopa de letras. Los cuentos que yo he leído son una pura sopa de letras, no hay más que ver las páginas un poco de lejos, y esto es así porque sucede un fenómeno inexplicable y que voy a intentar aclarar. Los ojos de la cara ven letras, sí, pero los ojos de la mente..., fíjense ustedes, los ojos de la mente no ven letras sino que ven cuerpos, ven actitudes, ven paisajes y nubes y objetos de todo tipo... ¿No es esto precisamente la magia?
En mis cuentos yo he visto mil y una máquinas y entidades. Ranas verdes, brujas, leñadores, barcos de tres palos, hermanos perdidos en un bosque, cielos estrellados, bellas durmientes, y sin embargo sólo veía letras, igual que ve usted, quien me mira. Son los caprichos y las ilusiones de la mente, lo que sucede cuando nos adentramos en el reino de los pensamientos encantados, lo que nos sugieren las infinitas sopas de letras que danzan en el Universo, incluida la de pasta. A mí antes no me gustaba mucho, bueno, no me gustaba nada, eso de los fideos no se ha hecho para mí, voy a decir la verdad, los macarrones sí, ¡mmmmh...!, ¡están buenísimos!, pero las sopas..., y entonces un día Maná me dijo, [...]
(Lo anterior es de ESTE LIBRO.)

Niña de 14 años que regresa de una estación de esquí y no puede parar de hablar
La niña volvió de su viaje contando y no acabando, sobre todo de los chicos con los que había ligado,
porque ligamos nosotras, ¿verdad?, que ellos lo único que hacen es el tonto, bueno, y aceptar como corderitos lo que les des, ¿a que sí...?, o eso dice Candela, ¿tú qué crees?, ¿es verdad o no?, sí, hija, es casi verdad del todo, bueno, pues Rosana y yo, y las demás, claro, teníamos a todos los de otro colegio el día entero detrás, se venían a comer a nuestro comedor y nos invitaban a todo, a helados y a coca colas y a ir por la noche a la discoteca, pero nosotras les dijimos que no, que de quedar, nada, que ya nos veríamos allí, y por la noche íbamos y allí estaban todos, en fila..., ¡jo, y no veas...!, ¿tú has bebido alguna vez un cubata?, yo bebí un poco, con Rosana, que nos invitó uno que era algo mayor porque a nosotras no nos daban, y estaba asqueroso pero al final nos lo acabamos, y te entra una marcha..., nos pasamos la noche bailando las dos en mitad de la pista y nos tuvieron que echar, bueno, y a otros varios, porque no nos queríamos ir, y entonces salimos afuera y estuvimos hablando, que hacía muchísimo frío, y al cabo de un rato salió una de las señoritas y nos hizo meternos a todos y nos mandó a cada uno a su cama, ¿y sabes qué?, pues que algunos de los chicos llevaban hasta corbata, que no sé para qué la llevaban pero la llevaban, y luego, a los pocos días, resultó que había uno que tenía una cámara muy grande y estaba venga a decir que nos quería hacer fotos, y algunas dijeron que no pero yo dije que bueno, que a mí no me importaba, y me hizo algunas pero me decía que me tenía que cambiar de ropa, y como allí casi no tenía, porque no teníamos más que los monos de esquiar, me vestí con la ropa de Rosana y de otras, con una minifalda que tenía una y hasta con los bikinis, porque había una piscina caliente desde la que se veía toda la nieve, y estábamos todo el día allí metidos..., aunque también esquiábamos, ¿eh?, pero hacíamos las dos cosas..., y me ha dicho que las fotos me las va a mandar a casa.
(Lo anterior es de ESTE LIBRO.)

Niña de 5 años soñando
El borroso escenario se presenta desierto y sólo algún pájaro que los sobrevuela graznando pone una nota melancólica en el ambiente... Difuso cielo azul recortado por los árboles... Lo hondo del bosque... Todo se mueve, sí, todo se mueve... Ilusiones, fantasías, espejismos y apariciones que se abren paso a viva fuerza y de ninguna manera podemos gobernar...
Mará, de repente, ve un oso. Está allí, a su lado, con el largo hocico peludo, sentado en el suelo y la espalda apoyada en un árbol. Sin embargo, el oso no la ve a ella. No, no me ve. Soy invisible. Bueno, no, mejor: soy gaseosa, como una nube o un ángel que se estira y se encoge. ¡Boing...! Ahora paso delante de él, y el oso, que es negro, es oscuro, sin abrir los ojos sacude la cabeza y se come una mosca. ¡Clac! El sonido de las mandíbulas infunde respeto, es mejor no acercarse por si acaso, el oso no me ve, no me siente, pero ¿y si se confunde y cuando le meta el dedo en la boca pasa otra mosca? Porque si quiero le meto el dedo en la boca... No, mejor en la nariz... ¡Ayyy...! ¿Qué sucede? Mamut, que también es un espíritu de la tarde y ha crecido, es más grande que el oso..., ¡hala...!, me contempla con sorpresa. ¡Mira...!, ¡tiene la nariz llena de mocos...!, y él se arrima y husmea. No, mi ama: es miel. ¡Ah, miel...!, menos mal. Mamut tiene la voz de una persona mayor, a lo mejor es una persona mayor, desde luego es grande, y como es una persona mayor, me protege y no tengo miedo de nada. Los dos somos como sombras luminosas que culebreamos y estamos aquí y estamos allá, tan pronto en este sitio como al otro lado del camino de tierra, donde se revuelcan los jabalíes, que tampoco pueden hacernos nada, ¿cómo nos lo van a hacer si somos los espíritus del bosque?, eso, ¡qué divertido!, podemos subir y bajar por los troncos de los árboles sin que nadie se dé cuenta, ni las mariquitas, ¿a que sí?, y las mariquitas mueven la cabeza arriba y abajo y, todas a una, dicen, sí, es verdad, sois como espíritus del bosque, pero ¿a que no sabéis cómo se llaman los espíritus del bosque?, y yo me acelero y me confundo, no, bueno, sí..., espera..., aunque al fin me acuerdo, ¡ah, ya sé!, duendes, duendes grandes, mayores que el oso, duendes transparentes que no ocupan lugar bajo la luna, y Mamut me mira, pero ¿no era por la tarde?, Mamut es mayor y reflexivo, se acuerda de todo, y yo le digo, sí, pero da igual, además, por la tarde también se puede ver la luna, ¿tú nunca la has visto?, y debe de ser por la tarde porque yo creo que ya hemos comido, ¿no te acuerdas?, tortilla de patata..., mmm..., ¡qué buena!, y tú comías las cortezas de los quesos y las tiras blancas del jamón, que no eran ilusión, ¿eh?, que eran de verdad, y el perrín tiene un estremecimiento y emite uno de esos ladridos sordos que casi no se oyen, porque ¿no sueñan también los perros? Quizá él vio al oso descender del árbol y apartarse con premura, ¡por ahí vienen los humanos!, ...dita sea, hay que poner tierra por en medio..., y el oso se va protestando, desaparece el peculiar aroma que lo delata –que seguramente tiene algo que ver con el vinagre y otras especias que están usando en la frontera cocina–, y al fin se queda tranquilo y deja escapar un suspiro. ¡Ya se fue!
Mará, sin embargo, no ha dejado de ver el bosque, ¡qué va!, porque la fronda permanece inalterable. Ya no está el oso, que a saber adónde se ha ido, y tampoco están las mariquitas, que se habían constituido en asamblea, pero quedamos nosotros, los espíritus del bosque..., no, los duendes, Mamut lleva un sombrero muy raro y zapatos puntiagudos con estrellas pintadas..., no, tampoco, no son pintadas sino estrellas de verdad, casi no puede andar, el pobre, aunque como es transparente yo creo que le da igual, vamos por el caminito entre los árboles y nos paramos en donde queremos, él lo huele todo y yo miro dentro de los agujeros de la tierra y de los árboles, a lo mejor encuentro algo, y cuando durante un momento la espesura se aclara oigo una guitarra, aunque es al otro lado del valle, en las montañas de enfrente, ¿será mi padre?, ¿por qué he pensado en él?, será porque también es grande, él sí que es grande, más alto que las montañas blancas, y lleva las botas de siete leguas y a cada paso que da avanza tanto que no le podemos alcanzar, sus zancadas resuenan en el bosque y los animales se apartan, vámonos de aquí, que llega el gigante de pies de hierro..., pero no todo es una ilusión, no, una quimera, porque cuando salimos al claro que hay en la falda de las montañas, allí está él, mi padre, es por la tarde y está sentado como antes el oso, con la espalda apoyada en un árbol, es muy grande, pero eso ya lo he dicho antes y no me da miedo, y tiene la guitarra entre las manos, mira al cielo y canta por lo bajo, aunque luego se pone en pie y canta más alto mientras rasguea el instrumento..., allí está, pero él tampoco nos ve porque somos transparentes, y nos acercamos hasta colocarnos a su lado, ¿cómo se llama esa canción?, se llama Bésame mucho, sí, como si fuera esta noche la última vez...
[...]

Y hasta aquí llegó la broma, que por hoy ya he dado bastantes ideas. El que quiera saber más, que mire en ESTE SITIO