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lunes, 27 de agosto de 2018

Plazas mayores españolas

Un elemento constitutivo de las poblaciones españolas es la plaza mayor, amplio lugar abierto en el que confluyen las calles y donde, originalmente, se celebraban los mercados. Hoy quedan muchísimas de ellas, unas mejor conservadas que otras, y aquí traigo unas cuantas. Como se ve, se siguen celebrando acontecimientos, pero ya que los mercados han perdido importancia, para que las gentes se solacen han pasado a convertirse en terrazas de cafetería (no todas).

Alba de Tormes



 Albarracín



 Ayllón


 Cudillero



Garrovillas



Puentedeume



 Salamanca



Santander (plaza moderna, del siglo XX) 



Sigüenza
 


Zafra


Y bueno, el que quiera saber más, que mire AQUÍ, donde a veces (tampoco con frecuencia) se hace mención de este asunto y otros parecidos.


viernes, 20 de noviembre de 2015

Un paseo por las costas españolas



Lo que aquí se puede ver es un recorrido –bastante corto, por cierto– por algunos de los infinitos lugares de nuestras costas españolas. Sólo son trece fotos, pero como tengo muchísimas, a lo mejor otro día voy y pongo la segunda parte, y otro la tercera, o la cuarta... (etc.)
Para contemplarlo hay que ir a esta dirección:


lunes, 20 de octubre de 2014

Santander (España)





Sobre esta ciudad, que pasa por ser una de las más fotogénicas de España, me he inventado una fantasía moruna fotográfica. No pasa de ser una especie de folleto turístico, pero dado que la información que hay (en su mayor parte introducida por los poderes públicos, ayuntamiento y corporaciones diversas dedicadas a la promoción del turismo) no hace justicia al lugar, al menos desde mi punto de vista, os pongo el enlace a lo que he elaborado, una descripción de la parte de la ciudad que merece visitarse.

El enlace es este, y espero que lo paséis bien contemplándolo y os inspire para dar una vuelta por esos pagos, que vale la pena.


domingo, 20 de julio de 2014

Los Picos de Europa en Liébana



 La antigua comarca de La Liébana, en la parte suroeste de la provincia de Santander, es famosa por sus montañas, el quebradísimo macizo oriental de los Picos de Europa, del que aquí debajo pongo varias fotos para que se vea que es rigurosamente cierto cuanto de él se dice (en cuanto a su altura y fragosidad).




jueves, 20 de febrero de 2014

Santander al final del siglo XVI

En 1575 se publicó en Alemania el libro llamado Civitates orbis terrarum, una colección de postales sobre muchas ciudades europeas, y entre ellas aparece Santander.



Gracias a semejante circusntancia tenemos una visión de primera mano de cómo era entonces la ciudad, y si a ello le sumamos las numerosas relaciones históricas de todo orden que aún se conservan (registros de ayuntamientos, de parroquias, censos, etc.), podemos intentar trazar un croquis de aquella zona.




Una ampliación de lo que es el recinto amurallado del croquis anterior se puede ver debajo.




El núcleo original de la ciudad, que se remonta a la Alta Edad Media, se instaló a la sombra de la colegiata (hoy catedral), sobre una loma (desaparecida tras el incendio de 1941) que se internaba en las aguas. A un lado quedaba la ría (hoy, calle de Calvo Sotelo), y al otro las aguas de la bahía, y todo ello estaba al socaire de lo que durante mucho tiempo se conoció como la sierra, otra loma bastante más alta que la defendía de los vientos del norte y cuya cumbre no es otra que la que hoy recorre el llamado paseo del Alta o General Dávila.

Tan escaso núcleo, seguramente ocupado por pescadores, fue aumentando de tamaño durante el transcurrir de los siglos, hasta que en el XV lo encontramos amurallado y convertido en una de las más importantes villas del cantábrico, reductos que defendían la costa norte española. Dentro de los muros estaban contenidas la puebla vieja (o alta) y la puebla nueva (o baja), y en el exterior se formaron dos arrabales, el de la Mar (actuales calles del Arrabal, Enmedio y Hernán Cortes hasta la calle del Martillo), y el de Fuera la Puerta (la puerta de San Pedro, una de las de la muralla), que encajaba en lo que hoy es el primer tramo de la calle Alta.

La línea costera de entonces no se correspondía con la actual, pues durante los últimos 400 años se han sucedido los rellenos para ganar terreno a las aguas. Sin embargo, no es difícil adivinar por donde corría en aquellos tiempos, pues basta seguir la curva de nivel. El acantilado sobre la bahía era el declive que desciende desde la actual calle Alta hasta las estaciones, Peña del Cuervo incluida, acantilado que acababa en donde está el Banco de España. Luego entraba una ría por lo que hoy es Calvo Sotelo, y la línea de costa iba por Hernán Cortés hasta la calle del Martillo (delante de este tramo había una playa). Desde allí seguía por Pedrueca, pasaba por detrás de la iglesia de Santa Lucía (que entonces no existía; la plaza de Cañadío era un marjal infecto), salvaba la peña Herbosa, es decir, las calles de Daoiz y Velarde y Peña Herbosa, y acaba en Molnedo, vulgo Casimiro Sainz, en lo que actualmente es entrada del túnel, en donde debió de existir otro playazo. Bordeaba luego la peña por la que se empina la calle de Canalejas, y se alargaba hasta la cuesta del Gas. De ahí en adelante era parecido a lo que hoy podemos ver, pues el talud en que se asienta la actual avenida de Reina Victoria (entonces inexistente, por supuesto) era el cantil.

El resto del territorio estaría salpicado aquí y allá por granjas y alquerías dispersas, y tampoco serían raras las huertas que extramuros de la ciudad cultivaran los pobladores, en especial los viñedos, que, mirando al sur, existieron en gran cantidad (según dicen las crónicas).

Y en cuanto a la bahía, esta no presentaría el aspecto actual, sino que abundaría en arenales que cubrirían la mayor parte de su superficie y cambiarían continuamente de lugar con las mareas y las ocasionales avenidas del Miera (río Cubas). La canal, el lugar que se draga para que puedan entrar los barcos mayores, no estaba en donde está hoy, es decir, en medio de las aguas, sino que pasaba junto a la costa, lo que constituía una salvaguardia ante los corsarios y los ataques de franceses, ingleses y holandeses, por aquellos tiempos en perpetua pelea con España, puesto que fue entonces (a finales del s. XVI) cuando se construyeron los castillos de Ano (en la península de La Magdalena) y de San Martín. Este último se encontraba a escasa distancia de la citada canal, y cualquier barco que pretendiera entrar en el puerto había de vérselas con sus cañones, por lo que pocos lo intentaron (1) . El arenal de El Puntal (no sé si entonces, pero posteriormente conocido como banco del bergantín), aún hoy continuamente cambiante, probablemente estaría donde lo vemos, aunque sería mucho más extenso, y las rías que desembocan en el fondo de la bahía, las de Solía, Pontejos, Guarnizo, etc., aportarían año tras año el limo que fertiliza... Es seguro, por tanto, que con tal exuberancia de páramos, riberas, marismas y ensenadas, la cantidad y calidad de moluscos, ostras y almejas, que se recolectaban en la bahía, sería de las que ya nos gustaría tener hoy.

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(1) En cierta ocasión (hablamos de finales del s. XVI), una flotilla de diez naves holandesas con seiscientos soldados a bordo intentó la aventura de saquear la ciudad, pero los santanderinos les salieron respondones y sucedió lo siguiente: uno de los barcos que intentaron la primera acometida fue desarbolado por los cañonazos del fuerte de San Martín y acabó encallando en los páramos. Ante tal pérdida, y viendo que por allí no podían entrar, desembarcaron en las playas del actual Sardinero, entonces campos de dunas, y se dirigieron hacia la ciudad. Pero no habían contado con que en ella se encontraba una escuadra castellana que había entrado a pertrecharse, en su mayor parte formada por vizcaínos, y mucha gente de armas. La mitad de aquel ejército plantó cara a los holandeses en las cercanías de lo que hoy es Alto de Miranda, que no esperaban semejante resistencia, y la otra mitad descendió hasta la ensenada de El Sardinero y tomó las naves enemigas, escasamente protegidas. El resultado final fue la completa prisión de los soldados asaltantes y la apropiación por la Corona de los barcos de la armada. Uno de los holandeses consiguió eludir el cerco y durante meses fue perseguido como guerrillero por las lomas cercanas, en donde se hizo famoso por sus hazañas y la gran cantidad de hijos que sembró, pero al fin logró escapar y pasar a Indias por el puerto de Lisboa, lo que conocemos por su biografía, Abdomen Lubricatus Terrorum Maris Castellae, extensa y curiosa narración hoy difícil de encontrar.

(En fin, esto último (1) ha sido una broma fruto de la invención, ustedes perdonen..., aunque yo conozco personas en Santander que podrían ser tataranietos del personaje aludido, o sea que la cosa tampoco va tan descaminada).



viernes, 20 de diciembre de 2013

El Santander que no todos ven


Santander es una ciudad del norte de España que tiene fama de lluviosa. Nada más lejos de la realidad, pero claro, comparado con los calores de la meseta o los propios de la Andalucía...
Esta es una magnífica ciudad para hacer fotos, y bien que las hacen los turistas (y los no turistas) a todas horas con el móvil. Sin embargo, hay sitios en ella que no conoce todo el mundo, o que no los conocen como aquí se muestran.

En el enlace que va debajo he puesto unas cuantas fotos de esas que pocos sospechan, así que el quiera ilustrarse sobre un punto de vista algo diferente...




miércoles, 20 de noviembre de 2013

La roca que preside la playa de El Camello




Esta foto, que data de los tiempos de Maricastaña
(la hice en el lejano año de 1980 sobre negativo Ilford HP5, que era la película que entonces molaba, y la pinté algunos años después durante una preveraniega noche de inspiración mientras contemplaba las estrellas que se veían desde la ventana de la casa del pueblo –entonces vivía en un pueblo aledaño a Madrid, pero pueblo pueblo, nada de acumulación de adosados y bloques con piscina, como los de ahora...),
me parece muy adecuada pra ilustrar qué es esto de las «fotos pintadas» y lo que se hacía en aquellos entonces con las manos, cuando no había photoshop ni ordenadores de ninguna clase, que los tiempos han cambiado que es una barbari...
Esta peña es la que preside la playa de El Camello, en Santander, y poco ha cambiado desde la fecha que dije.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Guía turística de Santander y Cantabria


En la costa norte de España se encuentran la ciudad de Santander y su provincia, hoy conocida como «Comunidad Autónoma de Cantabria». Pongo aquí el enlace a una guía turística que he colocado en internet a disposición de quien quiera verlo. Todo son fotos como la que encabeza esta entrada (el Mirador del Jabalí, en el valle de Polaciones), acompañadas de un par de mapas que ilustran la substancia de este lugar, sito en el corazón de lo que se ha llamado «España verde».

Ahí podéis ver variados aspectos de la costa, las villas marineras, las playas, la ciudad, las montañas, la cordillera cantábrica, los Picos de Europa, las diversas comarcas como Trasmiera, Liébana, Campóo..., los valles perpendiculares a la costa, como el de Toranzo, el de Cabuérniga, el del Miera, etc., y tantos otros lugares y paisajes que hay en esas tierras, que merecen visitarse. Si os gusta la fotografía, podéis hartaros de disparar la cámara.

El enlace es:

miércoles, 20 de marzo de 2013

Si el centro de Santander no hubiera ardido por completo...

¿Y si el centro de Santander no hubiera ardido por completo durante una noche de viento sur huracanado de febrero de 1941?...

Me he inventado una historieta que describe lo que arriba se dice. ¿Cómo más o menos sería hoy el centro de Santander si no hubiera tenido lugar aquel incendio que lo redujo por entero a ruinas, cenizas y escombros?
Pues la plaza del Ayuntamiento, por ejemplo, en vez de ser así, que es su aspecto actual,


sería algo así.


Esta es una entrada «fantástica», aunque algo larga y pesada de meter, así que os dejo la dirección de otro de mis blogs, en donde ya está. Ahí se puede ver.

http://diariodeunmuerto25.blogspot.com.es/2013/01/si-el-centro-de-santander-no-hubiera.html

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Y luego dicen que en el norte hace malo...

Las fotos que van a continuación están hechas (algunas a la media vuelta) durante el verano de 2012 en Santander, que no subió la temperatura de 25º ni un solo día, al menos mientras estuve allí. Fui un par de veces a aquellas tierras y este es el resultado. ¿Que en el norte hace malo? Bueno, pues que venga Dios sabrá quién y lo diga.
















lunes, 20 de agosto de 2012

Elogio de Santander


Esta ciudad pasa por ser una de las más bonitas de España, y de cierto que lo es, un sitio magnífico para los aficionados a la fotografía, pues salvando las inevitables barriadas, unas construidas durante la posguerra y otras durante los años 70, 80 y 90 del pasado siglo (de ellas no voy a hacer mención), hay muchos lugares que merecen la pena y por los que puede uno darse una vuelta con toda comodidad.

En primer lugar se puede señalar el ensanche, barrio construido durante la segunda mitad del siglo XIX... 




Las casas del paseo de Pereda, en el ensanche santanderino, desde la pedreñera, o sea, la lancha que lleva a Pedreña.

... y su aledaño Puertochico, dársena que fue de los pescadores hasta la mitad del siglo pasado (dársena de Molnedo) y hoy ha sido ocupada por los barcos de recreo de los ricachos.








A continuación, tras recorrer el paseo de Reina Victoria (con magníficas perspectivas sobre las aguas de la bahía), llegamos a la península de la Magdalena, que encierra uno de los mayores y más vistosos parques de este país, con sus playas y su palacio de cuento de hadas presidiéndolo todo.



... y para acabar esta breve enumeración, la zona de las playas conocida como El Sardinero. En la imagen se ve la Primera Playa.





Y aquí dejo esta última foto, en la que se ve la pedreñera, una de las lanchas que unen la ciudad con los pueblos de enfrente, Pedreña y Somo, pero también llevan a quien lo desee a darse un garbeo por las aguas de la bahía. Se abordan en el muelle aledaño al paseo de Pereda, y a todo el mundo recomiendo que la tome y se dé una vuelta en ella. 




jueves, 5 de julio de 2012

El "ensanche" santanderino



Días atrás he hablado del incendio de Santander de febrero de 1941 (esto se puede ver aquí, aquí y aquí), cuando durante una noche de viento sur huracanado se quemó por completo lo que durante siglos había sido el centro de la ciudad. Aquello fue una catástrofe, claro es, pues nos quedamos sin buena parte de la historia de la población, pero aún restó parte de lo antiguo, que ahí sigue. Se trata de lo que se conoce como el ensanche, barrio construido entre la mitad y el final del siglo XIX. Son casas antiguas y muy bonitas, por lo que no se pierde nada dándose una vuelta por allí.


En el mapa, rebordeado de rosa y tachado de rojo, se señala la parte que se quemó (hoy reconstruida según los patrones de 1942 y años posteriores, lo que se ha dado en llamar arquitectura franquista o neo herreriana), y rebordeado de amarillo se muestra el ensanche, que ya se ve que es grande. Este barrio linda al sur con las aguas de la bahía, y el paseo que lo delimita es el paseo de Pereda, también conocido antiguamente como el Bulevar, o más recientemente, el tontódromo.

En la foto que antecede a estas líneas se ve una de las casas más sobresalientes, la que se conoce como Arcos de Botín, y la que encabeza este comunicado (arriba del todo) es una vista del citado paseo (el de Pereda) desde el palacete del Embarcadero. 

viernes, 20 de abril de 2012

Ruamayor, calle de Santander, en 1885 y 2012


Existía en Santander una calle que se llamaba Ruamayor. Era la calle principal de la puebla antigua, la puebla de los primitivos pobladores, lo que habría que remontar a mil años antes de ahora (seguramente más). Nacía en la puerta de la catedral (en aquellos tiempos medievales, ermita o abadía), y siguiendo la loma que entonces existía, llegaba hasta el lugar en que se juntan la calle Alta, la cuesta del Hospital y la rampa de Sotileza. Hoy de aquello no queda nada, pues tras el incendio  de febrero de 1941, que destruyó por completo el centro de la ciudad, se desmontó la loma y se trazaron las actuales calles de Lealtad e Isabel II. Sin embargo, se reconoce el sitio en donde comenzaba, según puede verse en las fotos, la primera tomada en 1885 por Duomarco (un fotógrafo santanderino de finales del siglo XIX), y la segunda en la actualidad. Como se puede apreciar, el lugar sigue igual, aunque sólo sea ese rincón: el resto no existe. (Obsérvense en la foto antigua las primeras casas de Ruamayor, a la izquierda, adosadas a la torre de la catedral).








Basta observar la segunda foto para darse cuenta de lo que sucedió durante el incendio: la totalidad de la puebla vieja santanderina desapareció del mapa. En la foto, cuya autoría ignoro (aunque puede que fuera Samot), se ve la calle de Atarazanas, actualmente Calvo Sotelo, y los escombros de esa puebla; la catedral y el edificio de Correos, para hacerse una idea, estarían inmediatamente a la izquierda de la fotografía y fuera del cuadro.
 

Habría que añadir que los escombros de aquella loma (sobre la que se levantaba no sólo la Ruamayor, sino también Ruamenor, la calle del Rincón, la cuesta de Gibaja y varias callejas que las comunicaban), en donde sin duda está inmersa la historia del Santander antiguo (todo cuanto durante siglos cayó al suelo, las monedas que perdía la gente, los juguetes rotos de los niños, etc.), se encuentran hoy rellenando el talud (obra que se hizo en 1948) que desde la avenida de la Reina Victoria desciende hacia la ensenada del Camello y se extiende hasta las playas de El Sardinero. A veces lo pienso cuando paso por allí: bajo mis pies...


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Y ahora, los interesados en leer novelas divertidas (gratis, por supuesto), pueden ir a este sitio:

 https://sites.google.com/site/novelasgratisdecamargorain/home

lunes, 12 de diciembre de 2011

El incendio de Santander en febrero de 1941


Fue en febrero de 1941 cuando, una noche de viento sur huracanado, se quemó por completo la parte vieja (lo que tanto entonces como ahora es el centro) de la ciudad de Santander. Es difícil, viendo la reconstrucción que podemos observar hoy, hacerse idea de lo que era entonces esta ciudad, ciudad vetusta, sí, pero con la gracia de lo antiguo. La casas eran de madera (las estructuras), lo que atizó el enorme incendio y las hizo desaparecer por entero, y sus fachadas estaban cubiertas de balcones y miradores, elementos típicos de la arquitectura de estas tierras; hoy son enormes y grises mamotretos (bloques) de cemento edificados de acuerdo con los usos propios de la posguerra española.


 En el plano que adjunto (la línea negra encierra el área que ardió; pulsar para ver en grande) se puede observar cómo eran aquellos barrios que desaparecieron y nada tienen que ver con los que vemos en la actualidad. Ruamenor, Ruamayor, la calle del Rincón y la de Arcilleros, la Plaza Vieja (centro de aquel Santander), la calle de la Blanca (la calle comercial por excelencia), y tantas otras, se esfumaron durante una noche y sólo queda el recuerdo. El actual paseo de Calvo Sotelo consistía en dos calles, las Atarazanas y la Ribera (siglos antes fue una ría; atarazanas es sinónimo de astillero), que separaban el núcleo norte (delimitado por el círculo azul) y el sur (círculo rojo), que entonces se llamaba la Puebla Vieja y era el más antiguo barrio de la ciudad, el cual, presidido por la catedral, al menos podría remontarse a los siglos del medievo. Sobre este plano del Santander anterior al incendio he dibujado en gris algunas de las actuales calles: la verticales son Isabel II, a la izquierda, y Lealtad a la derecha (como se ve, atraviesan la Puebla Vieja, de la que no quedó ni rastro). La calle horizontal (gris) es la actual de Juan de Herrera, que finaliza a la derecha en el cuadrado gris que señala en lugar en el que está la actual Plaza Porticada (entonces inexistente). Por último, el rectángulo gris que hay delante de la catedral es lo que hoy se llama Plaza de la Virgen (páramo de piedra por las artes de la arquitectura moderna), que entonces estaba ocupado por tres edificios pertenecientes a la Puebla Vieja.

Si no hubiera sucedido tan enorme catástrofe, ¿tendríamos hoy una ciudad parecida a Oviedo o San Sebastián, que siguen conservando sus núcleos antiguos? Pues, salvando las barbaridades urbanísiticas que inevitablemente se hubieran producido durante los años 70 y 80 del pasado siglo (como de hecho se produjeron con lo que quedó), lo más probable es que tuviéramos una ciudad de aspecto antiguo, pues bastantes edificios se hubieran reconstruido salvando su aspecto exterior, tal y como puede verse en la actualidad en algunos lugares de las calles de Cisneros, Río de la pila, calle Alta, Santa Lucía y otras (todas ellas fuera del núcleo que se quemó).

En fin, que el viejo Santander desapareció para siempre aquella noche, y ahí dejo estas dos imágenes: la primera es la Ribera (la actual acera de Calvo Sotelo en donde está la librería Estudio) vista, hacia los años 30, desde encima del puente que comunicaba los dos núcleos antiguos,


y la segunda, un aspecto del nuevo Santander (la Alameda segunda –o sea, el actual eje San Fernando-calle Vargas– vista desde Cuatro Caminos).


Pues lo dicho: que hay que ver cómo cambian las cosas.

martes, 11 de octubre de 2011

Puertochico, Santander (España)


Hay un sitio en Santander, en mitad de la ciudad –lo que hoy es propiamente el centro–, al que llaman Puertochico. Antiguamente (hasta los años 50 del pasado siglo) fue el puerto pesquero de la ciudad, y como tal aparece en estas imágenes, que están tomadas desde el edificio de la calle Castelar que se conoce como Siboney. La casa con balcones que aparece en el centro es la última de paseo de Pereda, y bajo esos balcones existía un concurrido café llamado La austríaca, que fue durante muchos años el café por excelencia de esta ciudad. Hoy ya no existe (en su lugar hay un banco).

  

 
Estas son tres vistas antiguas del lugar del que hablo, un cuadro y dos fotos. El cuadro lo pintó mi tío el pintor (Carlos Villalva) en 1946, y las fotos las hizo mi padre en 1947 y 1955. En la de 1947 se ve la llegada del pescado durante un día de viento sur (y un tranvía, que también aparece en el cuadro). En la de 1955 se observa cómo ya no hay tranvías, que fueron sustituidos en esa época por los trolebuses que aparecen en la imagen.

  
 
Hoy sigue siendo una plaza, pero el ambiente, como es lógico, no se parece en nada a lo que aquí se ve: es una ingente rotonda llena de coches.