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lunes, 22 de agosto de 2016

Hacer una portada para un libro


Hacer una portada para un libro no es fácil. Es la cara del libro, lo que todo el mundo ve cuando llega y se lo topa por primera vez. Si se piensa (y tampoco hay que pensarlo mucho), en esto sucede como con las personas, que unas te caen bien, otras no tan bien..., y esto a primera vista. Luego sucederá lo que suceda, pero la primera impresión suele ser crucial.
Un libro, por lo tanto, debe necesariamente tener una portada atractiva, y si no lo consigues, date por perdido, pues poca gente va a seguir investigando sobre lo que en su interior se encierra.


 Este libro (Charli en Wonderland), que es una novela sobre las andanzas de la generación que nació alrededor de 1950, una generación privilegiada pues nunca vio una guerra (lejos de las hambrunas y catástrofes que nos cuenta la historia), y durante su infancia y juventud (tiempos que marcan a cualquiera) salieron a la luz elementos que luego se han extendido ampliamente y hoy nos resultan tan familiares como los pantalones vaqueros, los biquinis, el rock and roll y tantos otros que han definido una época, la que entonces comenzó y aún no ha finalizado. Antes de ello, por decirlo así, sólo existía el desierto.
Pues bien, cuando esta narración lleva unos meses dando vueltas por internet, he caído en la cuenta de que la portada que tenía no parece la adecuada, y he inventado esta otra:


 Mejor, ¿no?

¡Ah, sí!... Se me olvidaba decir, a propósito de este asunto, que desde el 22 de este mes de agosto, y hasta el viernes 26 –ambos días incluidos–, podéis bajar gratis la tercera y última parte del libro citado (unas 100 páginas). Ahí podéis juzgar por vosotros mismos si lo que digo es verdad. La portada que he hecho para esta versión eléctronica es la siguiente,

 
y el lugar en donde se descarga (limpio, por supuesto, es decir, libre de virus y otros bicharracos, pues se hace desde la misma fuente, Amazon), es este:


Si queréis saber más cosas sobre esta novela, aquí hay un blog en donde, aderezadas con fotos y otras imágenes, se explican algunas de ellas,


y si realmente estáis interesados en este asunto, que es largo y enjundioso y sobre el que habría mucho que decir, podéis ver esta presentación. Son fotos sin fin con las que se intenta explicar cómo fue aquella época:


jueves, 11 de agosto de 2016

Sobre «Charli en Wonderland», segunda parte



Del 11 al 15 de agosto, ambos incluidos, podéis bajar gratis (y limpia de bicharracos, puesto que se descarga de la misma fuente) la segunda parte de esta historieta en versión eléctrica, lo que se hace en la siguiente dirección:






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Además, si alguien se está preguntando de qué va esto, puede echar una ojeada a este blog:








y ya puestos, puede mirar esto otro:





lunes, 16 de mayo de 2016

Culebrón yeyé: tercer y último aviso


¿Te has leído la primera y segunda parte de la fantástica novela llamada Culebrón yeyé? Pues si no es así has hecho muy mal, porque te hubieras reído con las múltiples aventuras del trío Conché (Pancho, Ríchar y Charli), pero si lo has hecho, imagino que estarás deseando saber qué sucede al final... No, la chica no se casa con el chico, no es nada de eso sino algo mucho más sustancioso, que puedes averiguar descargando gratis (gratis, claro está) la tercera y última entrega en el siguiente enlace:



desde el lunes 16 de mayo al viernes 20, ambos días incluidos.

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 ¡Ah!, ¿que quieres el libro en papel? Pues también existe, precisamente aquí:




Culebrón yeyé o Charlie en Wonderland
una novela hiperrealista de Camargo Rain


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Y nada más hasta octubre, por lo menos, que se acabó la temporada primavera-verano. Eso sí, si queréis descargar otros de mis libros cuando estén gratis, lo único que tenéis que hacer es apuntaros a seguir este blog, http://www.camargorain.com/ (lo dice arriba a la derecha: Entérate por email de cuándo los libros están gratis: apúntate), que la máquina (San Google) lo hará oportuna y automáticamente.
 

sábado, 7 de mayo de 2016

A propósito del «Culebrón yeyé»: imágenes de entonces


Dado que nos encontramos en pleno proceso de publicación y promoción de Charli en Wonderland




(por otro nombre Culebrón yeyé), la novela que describe la vida de quienes la disfrutaron durante la segunda mitad del siglo XX (Pancho, Ríchar, Charli y todos y todas las demás), no estaría de más traer aquí alguna foto que ilustre el cuento. A guisa de ejemplo valgan estas:




 (¡Qué tiempos aquellos...!)

 Una tienda de la época

sábado, 20 de abril de 2013

Hablando de Charli



He escrito un nuevo libro. En esta ocasión se trata de un retrato de la generación que vivió la segunda mitad del siglo XX, aquellos que nacieron mediada la centuria y tuvieron como puntos de referencia (en su juventud) lugares hoy tan comunes como el rock and roll, las minifaldas y los bikinis, que en los tiempos que digo supusieron una auténtica revolución. 

El libro se llama «Charli en Wonderland», que no se puede decir que sea un título muy transparente, pero ello obedece a que el personaje central de la historia se llama Charli, y a que el lugar en el que vivió fue ni más ni menos que el país de las maravillas, o a ellos se lo parece. Ahí es nada: de repente todas las chavalas, sobre todo las guapas, enseñando bien las piernas... 


Él no habla nunca, sino que son los demás  –su hermano gemelo, los amigos, las novias que tuvo...–, quienes desarrollan el discurso y cuentan, durante multitud de episodios, lo que sucedió durante aquellos años (al personaje central y a todos los demás, que no fue parco). 


El libro acaba con el advenimiento del siglo XXI, que cambió todo y dio paso a lo que en la actualidad vivimos. En fin, cincuenta años (los decenios de los 50, de los 60, de los 70, de los 80, de los 90...) que dieron muchísimo de sí, pues la cultura actual emana de aquella época que acabó... (etc., etc.), y estos haciéndose cada vez más mayores...

Aquí debajo pongo un trozo, que se podría datar hacia 1972, más o menos.

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RÍCHAR

Esto sucedió durante unas Navidades, pero no sé cuáles porque la memoria es muy vaga y traicionera; sin embargo, lo más seguro es que fuera el ultimo año que estuve en la ciudad vieja porque la abuela me dijo que ya estaba bien de entrar y salir y tocarme las narices, ¿no están tus amigos estudiando?, pues estudia tú también algo, aunque sea administración de empresas, que ya tienes veinte años y vas a tener que administrar bastante, ¿o prefieres trabajar?, y ante semejante argumento decidí poner tierra de por medio. ¿Habéis traído hierba de esa?, sí, un poco, ¿quieres?, y yo los miré, ¿tú qué crees? Sólo sé que habíamos vuelto de la bahía, habíamos salido Pancho, Charli y yo, el Trío Conché en pleno, en el barco de Pancho, o sea, del padre de Pancho, porque hizo unos días buenísimos, asurados, y fuimos a pescar. No se nos dio mal y volvimos con algunos cachones chorreando tinta y un poco de palangre, yo creo que había hasta salmonetes, estos para casa, y estos, que son más, para vosotros, que también sois más, ¿vamos luego a donde los Oyarbides?, los Oyarbides eran varios hermanos que conocíamos del colegio y tenían una boardilla enorme en donde hacían fiestas parecidas a las del garaje, sólo que ellos decían que se tiraban a todas las que entraban, mentira, claro, yo creo que sólo se tiraban a su chacha, eso sí lo sé seguro, y aquella noche, a lo mejor era la del día de los Inocentes, subimos los tres bien colocados, y en el ascensor Pancho dijo, de la hierba ni una palabra, ¿eh?, que estos son unos suicidas, y entramos y había un montón de gente, habían hecho una fiesta de verdad y estaba la flor y nata, estaba hasta el Tomasín, el que en la casa de ejercicios (de ejercicios espirituales, quiero decir, cuando nos llevaban en el colegio) dejaba los zapatos fuera del cuarto para que se los limpiaran y se los encontraba clavados en el suelo, que era de madera, lo que es no saber, menudo cachondeo se armaba, ¿y este era también aquel al que abrían el grifo del lavabo cuando estaba durmiendo y se meaba en la cama?, bueno, no sé, ese igual era otro o aquello sucedió en la mili, ya digo que la memoria es imprecisa y falaz, pero el caso fue que llegamos, saludamos a un montón de gente entre considerable tumulto, y al rato vimos que Deisi estaba allí, entre todos aquellos y quitándose de encima moscones a manotazos, y cuando nos vio se acercó y dijo, menos mal que habéis venido, ya no sabía que hacer con estos, ¡qué pesados!, porque había muchas chicas, sí, y algunas bastante borrachas, pero Deisi, entre lo de su melenita, sus piernas y sus ojos azules, les gustaba más a todos, y aquellos, como decía Pancho, desde luego que eran unos suicidas, sobre todo en fecha tan señalada. Bueno, quiero decir que nos gustaba a todos, a mí desde luego, a Pancho probablemente también, y a Charli no digamos, aunque él decía que no y no se veían mucho, en la ciudad nueva nunca, o eso me habían contado, que era una cosa que me llamaba la atención, y lo que decía Charli debían de ser fantasías o ganas de marear, porque cuando se encontraban no acertaban a separarse ni a dejar de reírse, y aquella vez sucedió lo mismo, aunque acrecentado.
Estuvimos allí bastante rato, hasta que se acabó el vino, y le dije a Pancho, con estos no hacemos nada, que están todos muy borrachos, ¿nos vamos a cenar por ahí?, yo os invito, que me ha dado dinero la abuela, ¿dónde está Charli?, no sé, mira a ver, y como aquello era grande y estaba lleno de gente y de humo me costó encontrarle, y cuando le vi resultó que se lo estaba pasando muy bien, y Deisi mejor. Pancho estaba en otra habitación y no creo que los viera, pero aquellos dos estaban en un rincón de pie, agarrados y morreando como si se les acabara el tiempo, ¡qué bruto el Charli!, y luego decía que Deisi no le gustaba...
Nena no fue a la ciudad vieja aquella Navidad y no se enteró de nada, se enteraría después, y cuando nos fuimos y bajábamos la escalera, viendo a Charli y a Deisi riéndose y bajándola a saltos cogidos de la mano, los encontré tan entusiasmados qué pensé, no sé por qué, pero me da la impresión de que esto de mi prima se va a acabar.